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SaludAbuso de sustancias: lo biológico, lo psicológico y lo social
Biología, historia personal y contexto se entrelazan en el consumo problemático. Revisamos qué muestra la investigación reciente y cómo eso orienta el trabajo terapéutico.
Pocas conversaciones en salud mental arrastran tanto juicio moral como la del consumo de sustancias. Se habla de voluntad, de carácter, de decisiones mal tomadas. La investigación de las últimas décadas ofrece una imagen más matizada y, sobre todo, más útil: lo que llamamos abuso de sustancias emerge del cruce entre una biología particular, una historia personal y un entorno que facilita o que protege.
Qué significa mirar el consumo como un fenómeno biopsicosocial
El modelo biopsicosocial sostiene que un mismo cuadro clínico admite varios niveles de explicación a la vez, y que cada nivel aporta información que los otros dejan fuera de foco. Aplicado al consumo de sustancias, obliga a considerar en paralelo los circuitos cerebrales de recompensa y de control, los aprendizajes emocionales que sostienen la conducta, y las condiciones materiales y vinculares en que esa persona vive día a día.
Una revisión amplia publicada en Neuropsychopharmacology ilustra bien esa tensión. Heilig y colaboradores (2021) defienden que la neurobiología es un nivel de análisis valioso para entender la adicción y, en la misma página, subrayan que las políticas públicas, la disponibilidad y el costo de las sustancias y los factores socioeconómicos operan como determinantes críticos. Su propuesta de cierre es la consiliencia: investigación que integre lo neurocientífico, lo conductual, lo clínico y lo sociocultural.
Lo biológico: un cerebro que aprende rápido y con fuerza
Las sustancias psicoactivas actúan sobre sistemas de neurotransmisión que evolucionaron para señalar aquello que conviene repetir. Ese atajo químico produce un aprendizaje veloz y muy resistente al paso del tiempo, y explica por qué ciertas señales del ambiente, una hora del día, un lugar o una emoción, siguen activando el impulso de consumo mucho después del último episodio.
La genética aporta otra parte de la historia. Los metaanálisis de estudios de gemelos y de adopción sitúan la heredabilidad de la adicción al alcohol en torno al cincuenta por ciento, con estimaciones todavía mayores para los opioides (Heilig et al., 2021). Conviene leer esa cifra con cuidado: el riesgo genético es probabilístico, desplaza probabilidades, y la trayectoria concreta de cada persona permanece abierta.
El curso del trastorno también resulta marcadamente heterogéneo. Muchas personas alcanzan remisiones duraderas, y una proporción relevante lo consigue por vías ajenas a los dispositivos formales de tratamiento, mientras otras requieren un manejo sostenido en el tiempo. Esa diversidad es en sí misma un dato clínico: invita a ajustar el plan a la persona antes que a la etiqueta.
Lo psicológico: la sustancia como respuesta a un estado interno
En la consulta el consumo suele aparecer cumpliendo una función bastante precisa: bajar el volumen de una emoción intensa, conciliar el sueño, entrar a una fiesta, sostener una jornada larga, apagar un recuerdo. Desde la psicología contextual ese patrón se describe como evitación experiencial, un esfuerzo por alterar la forma o la frecuencia de lo que se siente que alivia en lo inmediato y cobra un costo creciente en la vida cotidiana.
La historia biográfica pesa dentro de esa ecuación. Una revisión sistemática con metaanálisis de 37 estudios y 253.719 participantes encontró que las personas con cuatro o más experiencias adversas en la infancia muestran las asociaciones más fuertes de toda la revisión justamente con el consumo problemático de drogas, con razones de momios superiores a siete (Hughes et al., 2017). Mirado así, buena parte de lo que se lee como debilidad de carácter tiene el contorno de una estrategia de supervivencia aprendida temprano.
La vergüenza merece un párrafo propio. Es una emoción que aísla, que empuja a ocultar y que suele retrasar la consulta durante años. Cuando el tratamiento la aborda de frente, el terreno cambia: una revisión sistemática de veintiún estudios sobre terapia centrada en la compasión reporta mejoras consistentes en autocompasión, descensos en autocrítica y reducciones de la vergüenza externa en poblaciones clínicas diversas (Brown y Ashcroft, 2025).
Lo social: disponibilidad, vínculos y contexto
El entorno define buena parte del desenlace. La Organización Mundial de la Salud estima 2,6 millones de muertes anuales atribuibles al alcohol y 0,6 millones asociadas al consumo de drogas, junto a cerca de 400 millones de personas con trastornos por consumo de alcohol en el mundo. El mismo informe describe una brecha de atención severa: en 2019 la proporción de personas en contacto con servicios de tratamiento iba desde menos de un uno por ciento hasta un máximo de treinta y cinco por ciento según el país (OMS, 2024).
En Chile los datos escolares muestran movimientos que vale la pena leer con atención. Según el Décimo Quinto Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar, el consumo de marihuana en el último año descendió desde 34,2% en 2015 hasta 19,1% en 2023, y el consumo de alcohol en el último mes alcanzó 22,7%. Entre quienes bebieron ese mes, un 53% reportó episodios de embriaguez, cifra que desplaza la atención desde la frecuencia hacia el patrón (SENDA, 2025).
Qué aportan las terapias contextuales
Las terapias contextuales comparten una apuesta de fondo: trabajar sobre la relación que la persona establece con sus estados internos y sobre las acciones que elige mientras esos estados están presentes. Ese énfasis calza bien con un fenómeno que se sostiene en el aprendizaje emocional y en el contexto.
- Terapia de aceptación y compromiso (ACT). Un metaanálisis de diez ensayos controlados aleatorizados encontró un efecto pequeño a mediano a favor de ACT frente a tratamientos activos de comparación, con magnitudes comparables en cesación de tabaco y en otras sustancias (Lee, An, Levin y Twohig, 2015).
- Terapia dialéctico conductual (DBT). Una revisión sistemática de nueve estudios sobre entrenamiento en habilidades DBT concluyó que la intervención resulta aceptable y viable para personas con trastorno por consumo, con apoyo preliminar para la reducción del consumo y para la regulación emocional (Warner y Murphy, 2022).
- Terapia centrada en la compasión (CFT). La evidencia disponible apunta al trabajo con autocrítica y vergüenza, dos procesos que suelen sostener el ciclo de consumo y la demora en pedir ayuda (Brown y Ashcroft, 2025).
Cómo se traduce esto en un proceso terapéutico
Un tratamiento coherente con esta mirada evalúa los tres niveles desde las primeras sesiones: revisa el patrón de consumo y la presencia de síntomas de abstinencia, que en ocasiones requieren apoyo médico; explora la función emocional que cumple la sustancia; y mapea el entorno, desde la red de apoyo hasta el trabajo y la situación habitacional.
Desde ahí el trabajo avanza en varios frentes: construir habilidades concretas para sostener el malestar intenso, recuperar contacto con aquello que la persona valora, reparar vínculos dañados y diseñar el entorno de modo que la alternativa saludable quede más a mano. La coordinación con medicina, con la familia y con la red de tratamiento existente amplifica cada uno de esos pasos.
Preguntas frecuentes
¿El abuso de sustancias es una enfermedad o una decisión?
La evidencia disponible ubica el fenómeno en ambos planos a la vez. El consumo sostenido modifica circuitos cerebrales de recompensa y de control, y al mismo tiempo la capacidad de elegir permanece activa, aunque más estrecha. Heilig y colaboradores (2021) lo resumen así: el cerebro es el sustrato desde el cual surgen tanto la adicción como la capacidad de cambio. Esa doble lectura resulta liberadora, porque explica la dificultad y conserva la agencia de la persona.
¿Cuánto dura un tratamiento por consumo de sustancias?
Depende del patrón de consumo, del tiempo de evolución y de la red de apoyo disponible. Los procesos suelen organizarse en fases: estabilización, trabajo de habilidades y consolidación de los cambios en la vida cotidiana. Una estimación realista se construye después de la evaluación inicial. Puede revisar modalidades y valores en nuestra página de precios.
¿Sirve la psicoterapia cuando la persona todavía está consumiendo?
Sí. Buena parte del trabajo inicial ocurre mientras el consumo sigue presente, y se orienta a comprender su función, a reducir daños y a construir motivación para el cambio. Exigir abstinencia total como requisito de entrada suele retrasar la ayuda justo cuando resulta más necesaria. Puede conocer al equipo en la página del centro.
Mirar el abuso de sustancias como un fenómeno biopsicosocial tiene una consecuencia práctica y esperanzadora: abre muchos puntos de entrada para el cambio, desde el cuerpo hasta el barrio. En Mentis Viva trabajamos desde los enfoques contextuales con esa premisa, al ritmo que cada persona pueda sostener. Si esta lectura le hizo sentido para usted o para alguien cercano, una primera conversación puede ser un buen punto de partida.
Fuentes
- Heilig, M., MacKillop, J., Martinez, D., Rehm, J., Leggio, L., y Vanderschuren, L. J. M. J. (2021). Addiction as a brain disease revised: why it still matters, and the need for consilience. Neuropsychopharmacology, 46(10), 1715-1723. https://doi.org/10.1038/s41386-020-00950-y Ver fuente
- Hughes, K., Bellis, M. A., Hardcastle, K. A., Sethi, D., Butchart, A., Mikton, C., Jones, L., y Dunne, M. P. (2017). The effect of multiple adverse childhood experiences on health: a systematic review and meta-analysis. The Lancet Public Health, 2(8), e356-e366. https://doi.org/10.1016/S2468-2667(17)30118-4 Ver fuente
- Organización Mundial de la Salud. (2024). Global status report on alcohol and health and treatment of substance use disorders. Ginebra: OMS. https://www.who.int/publications/i/item/9789240096745 Ver fuente
- Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), Observatorio Chileno de Drogas. (2025). Principales resultados del Décimo Quinto Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar (ENPE 2023). Santiago: SENDA. Ver fuente
- Lee, E. B., An, W., Levin, M. E., y Twohig, M. P. (2015). An initial meta-analysis of Acceptance and Commitment Therapy for treating substance use disorders. Drug and Alcohol Dependence, 155, 1-7. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2015.08.004 Ver fuente
- Warner, N., y Murphy, M. (2022). Dialectical behaviour therapy skills training for individuals with substance use disorder: A systematic review. Drug and Alcohol Review, 41(2), 501-516. https://doi.org/10.1111/dar.13362 Ver fuente
- Brown, N., y Ashcroft, K. (2025). The effectiveness of compassion focused therapy for the three flows of compassion, self-criticism, and shame in clinical populations: A systematic review. Behavioral Sciences, 15(8), 1031. https://doi.org/10.3390/bs15081031 Ver fuente
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