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AdolescenciaLa identidad en la adolescencia: un self que se reorganiza
El sentido de sí mismo se rearma durante la segunda década de la vida. Comprender ese proceso cambia la forma en que las familias y los equipos acompañan a un adolescente.
Una madre lo describe con humor y con algo de desconcierto: en menos de un año su hija de catorce cambió de música, de amistades, de estilo y hasta de manera de hablar, y cada tanto anuncia que ahora piensa distinto de todo lo que pensaba antes. Esa velocidad suele leerse como inconsistencia. Mirada de cerca, describe un trabajo silencioso y exigente: la construcción de una identidad propia.
Qué significa que el self se reorganice
El self es la experiencia de ser alguien: una historia personal, un conjunto de cualidades, preferencias y pertenencias que dan continuidad a la vivencia. Durante la niñez ese sentido de sí se apoya en descripciones concretas, ligadas a lo que se hace y a lo que dicen los adultos cercanos. En la adolescencia el proceso da un salto: aparecen descripciones abstractas, versiones distintas de sí mismo según el contexto y la tarea de integrarlas en algo que se sienta coherente.
Sebastian, Burnett y Blakemore revisaron la evidencia conductual y de neuroimagen de este período y concluyen que el sentido de sí cambia de manera profunda durante la adolescencia, junto con modificaciones en las estructuras cerebrales que sostienen el procesamiento de uno mismo, entre ellas la corteza prefrontal medial. Ese desarrollo ayuda a comprender dos rasgos muy visibles de la etapa: una autoconciencia elevada y una marcada permeabilidad a la influencia de los pares.
El cerebro acompaña la búsqueda
Durante años circuló la idea de que la adolescencia se explica por una corteza frontal inmadura. Crone y Dahl revisaron los estudios de neuroimagen del desarrollo y proponen una lectura más ajustada: lo central son los cambios en el procesamiento social y afectivo que comienzan con la pubertad, cambios que además traen ventajas adaptativas, entre ellas una mayor flexibilidad para ajustar motivaciones y prioridades cuando el entorno social se mueve.
Pfeifer y Berkman describen la adolescencia como el momento en que, sobre la base de autoconcepto construida en la niñez, la persona explora identidades emergentes de un modo que favorece a la vez autonomía y vínculo. En su propuesta, la corteza prefrontal ventromedial integra el valor de las alternativas disponibles, de manera que decidir y construir identidad resultan dos caras del mismo proceso. Ese enfoque invita a mirar las decisiones adolescentes desde la perspectiva del propio adolescente.
La identidad se ensaya en los vínculos
El self adolescente se prueba en relación. Las amistades funcionan como laboratorio: allí se ensayan maneras de hablar, de vestir, de reír y de tomar posición frente a lo que ocurre. La familia sigue siendo la base desde la cual se explora, aunque el estilo del vínculo se vuelva más selectivo. Y las redes sociales agregan un escenario permanente de visibilidad, donde cada versión de sí mismo queda registrada y expuesta a la mirada de otros.
Ese ensayo explica buena parte de lo que las familias observan en casa y que muchas veces interpretan como un rumbo perdido. Resulta más fiel leerlo como exploración activa, con señales bastante reconocibles.
- Cambios de intereses, estilo y música en períodos breves, con entusiasmo genuino en cada etapa.
- Atención muy fina a cómo lo perciben sus pares y a los códigos del grupo.
- Conversaciones más reservadas en casa, junto con una búsqueda discreta de cercanía.
- Preguntas grandes sobre creencias, propósito, vocación, cuerpo y orientación.
- Posiciones propias frente a temas familiares, sostenidas con más fuerza que antes.
Un lugar desde donde observarse
Las terapias contextuales aportan una distinción útil para esta etapa. Una cosa son los contenidos del self, las etiquetas con que alguien se define en un momento dado, y otra distinta es el lugar desde el cual esos contenidos se observan. Cuando un adolescente se define por una calificación, por un comentario recibido o por una comparación con otro, la identidad queda amarrada a un contenido frágil. Entrenar esa posición de observador amplía el espacio disponible para elegir.
Desde ahí, la Terapia de Aceptación y Compromiso trabaja la relación con los pensamientos y las emociones, y orienta la conducta hacia valores personales elegidos. Gloster y colaboradores revisaron veinte metaanálisis que reunieron cien tamaños de efecto controlados y más de doce mil participantes, y concluyen que la ACT resulta eficaz en el conjunto de condiciones examinadas, con superioridad frente a controles inactivos y al tratamiento habitual.
Cuando la intensidad emocional pide compañía
Junto con la exploración aparecen emociones de alta intensidad, y en algunos casos conductas que inquietan a la familia. La Terapia Dialéctico Conductual adaptada a adolescentes ofrece una respuesta específica en esos cuadros. Mehlum y colaboradores la compararon con el tratamiento habitual potenciado en setenta y siete adolescentes con autolesiones repetidas, y encontraron mayor reducción de autolesión, ideación suicida y síntomas depresivos en el grupo que recibió DBT, con tamaños de efecto grandes.
La forma en que un adolescente se trata a sí mismo también pesa. El metaanálisis de Marsh, Chan y MacBeth reunió diecinueve estudios con 7.049 jóvenes de diez a diecinueve años y halló una asociación inversa de magnitud grande entre autocompasión y malestar psicológico, medido como ansiedad, depresión y estrés, con un coeficiente r de -0,55. La Terapia Centrada en la Compasión trabaja justamente ahí: cultivar un trato interno más cálido durante los años en que la autocrítica tiende a instalarse con fuerza.
Cómo acompañar este proceso
Acompañar una identidad en construcción pide una mezcla particular de presencia y de espacio. Preguntar con curiosidad genuina por lo que le interesa, sostener acuerdos claros y estables, validar la emoción antes de conversar sobre la conducta y mostrar que el vínculo resiste los cambios de versión. Los adultos funcionan como base segura mientras el joven prueba quién quiere ser.
Cuidar el lenguaje con que se describe a un adolescente delante de él resulta igual de valioso. Las etiquetas rápidas tienden a quedarse, y en una etapa donde la identidad está en juego, esa descripción externa se incorpora con facilidad al modo de mirarse a sí mismo. Devolver observaciones específicas y amables ayuda a construir una imagen más rica y más propia.
Preguntas frecuentes
¿Es esperable que un adolescente cambie tanto de intereses y de forma de ser?
Sí. La investigación sobre desarrollo del autoconcepto describe la adolescencia como un período de reorganización profunda del sentido de sí, en que se ensayan versiones distintas según el contexto. Esos cambios suelen reflejar exploración activa. Conviene consultar cuando el malestar se mantiene en el tiempo y afecta el sueño, los estudios o los vínculos.
¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo en la adolescencia?
Cuando el sufrimiento se vuelve persistente o interfiere con la vida cotidiana: aislamiento sostenido, caída marcada del rendimiento, alteraciones del sueño o de la alimentación, autolesiones o ideas de muerte. En esos casos la consulta temprana marca diferencia. Puedes revisar modalidades y valores en precios.
¿Qué enfoques psicológicos se usan con adolescentes?
Los enfoques contextuales cuentan con respaldo empírico en esta etapa. La ACT trabaja la relación con pensamientos y emociones junto con la acción guiada por valores; la DBT entrena regulación emocional, tolerancia al malestar y habilidades interpersonales; la CFT cultiva un trato interno compasivo, y el EMDR se emplea en experiencias traumáticas. Puedes conocer al equipo en nuestro centro.
Cada adolescencia tiene su propio ritmo, y buena parte de este proceso se ordena con tiempo, vínculos disponibles y espacios donde poder pensarse. Cuando una familia siente que le vendría bien una mirada profesional, conversar con un especialista ayuda a entender lo que está ocurriendo. En Mentis Viva acompañamos a adolescentes y a sus familias desde los enfoques contextuales, con atención presencial y online.
Fuentes
- Sebastian, C., Burnett, S., & Blakemore, S.-J. (2008). Development of the self-concept during adolescence. Trends in Cognitive Sciences, 12(11), 441-446. https://doi.org/10.1016/j.tics.2008.07.008 Ver fuente
- Crone, E. A., & Dahl, R. E. (2012). Understanding adolescence as a period of social-affective engagement and goal flexibility. Nature Reviews Neuroscience, 13(9), 636-650. https://doi.org/10.1038/nrn3313 Ver fuente
- Pfeifer, J. H., & Berkman, E. T. (2018). The development of self and identity in adolescence: Neural evidence and implications for a value-based choice perspective on motivated behavior. Child Development Perspectives, 12(3), 158-164. https://doi.org/10.1111/cdep.12279 Ver fuente
- Gloster, A. T., Walder, N., Levin, M. E., Twohig, M. P., & Karekla, M. (2020). The empirical status of acceptance and commitment therapy: A review of meta-analyses. Journal of Contextual Behavioral Science, 18, 181-192. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2020.09.009 Ver fuente
- Mehlum, L., Tørmoen, A. J., Ramberg, M., Haga, E., Diep, L. M., Laberg, S., Larsson, B. S., Stanley, B. H., Miller, A. L., Sund, A. M., & Grøholt, B. (2014). Dialectical behavior therapy for adolescents with repeated suicidal and self-harming behavior: A randomized trial. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 53(10), 1082-1091. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2014.07.003 Ver fuente
- Marsh, I. C., Chan, S. W. Y., & MacBeth, A. (2018). Self-compassion and psychological distress in adolescents—a meta-analysis. Mindfulness, 9(4), 1011-1027. https://doi.org/10.1007/s12671-017-0850-7 Ver fuente
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