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TraumaEl cuerpo tiene memoria: cuando el trauma se siente
Muchas personas describen sensaciones físicas ligadas a episodios difíciles de su historia. La investigación sobre memoria y estrés postraumático ofrece una explicación cuidadosa de ese fenómeno.
Hay recuerdos que llegan primero al cuerpo. Alguien escucha una frenada en la calle y siente el pecho apretado antes de alcanzar a pensar en lo que ocurrió hace años. Otra persona describe un nudo en el estómago cada vez que entra a cierta oficina, aunque la historia que lo explica quedó lejos en el tiempo. Esa experiencia aparece con frecuencia en consulta y tiene descripción precisa en la literatura científica.
Dos maneras de recordar la misma escena
La investigación sobre memoria distingue dos registros que funcionan en paralelo. Uno guarda la historia ordenada, con fechas, lugares y una secuencia que se puede contar a otra persona. El otro guarda impresiones sensoriales: sonidos, olores, luces, temperatura, tensión muscular. Ambos se forman durante el mismo episodio y después se recuperan por caminos distintos.
Chris Brewin y su equipo desarrollaron esta idea en Psychological Review a partir del estudio de las imágenes intrusivas. Describen representaciones contextualizadas, flexibles y ligadas al relato, junto a representaciones de base sensorial, más rígidas y ancladas a la percepción. Cuando una señal del ambiente activa el registro sensorial mientras el relato permanece fragmentado, la escena regresa con una cualidad de presente y se vive como si estuviera ocurriendo ahora.
Por qué el cuerpo participa del recuerdo
Bessel van der Kolk publicó en 1994, en Harvard Review of Psychiatry, el artículo que dio origen a la expresión que hoy circula en redes. Allí plantea que las emociones intensas presentes en el momento del episodio inician respuestas condicionadas de largo plazo frente a los recordatorios, asociadas a alteraciones crónicas de la respuesta fisiológica al estrés. Describe además que, cuando la memoria declarativa queda incompleta, la experiencia tiende a organizarse en un nivel somatosensorial.
Conviene leer esa formulación con la precisión que merece. Hablar de memoria corporal nombra un aprendizaje del organismo completo: el sistema nervioso autónomo, la musculatura, la respiración y los circuitos cerebrales del miedo participaron de la escena original y conservan la huella de esa participación. El cuerpo aparece en el recuerdo porque estuvo en la experiencia.
Una fisiología que permanece disponible para la alerta
La revisión de Roger Pitman y colaboradores en Nature Reviews Neuroscience recorre tres décadas de investigación biológica sobre el estrés postraumático y reúne estudios psicofisiológicos, de neuroimagen estructural y funcional, endocrinológicos, genéticos y moleculares. Su punto de partida resulta esclarecedor: el impacto de un acontecimiento del entorno termina por comprenderse también en el plano orgánico, celular y molecular.
Llevado a la experiencia cotidiana, ese cuerpo de evidencia explica reacciones que muchas personas describen con sorpresa. Sobresalto marcado frente a un ruido inesperado, taquicardia ante un olor específico, mandíbula apretada al entrar a cierto lugar, sueño ligero durante meses. El organismo responde con la velocidad de una alarma y la comprensión llega después, cuando ya se activó la respuesta.
Cuando el malestar se expresa en síntomas físicos
Existe además una línea de investigación sobre la relación entre historia traumática y síndromes somáticos funcionales. Un metaanálisis dirigido por Niloofar Afari reunió 71 estudios con grupo de comparación y encontró que quienes reportaban exposición a eventos traumáticos tenían 2,7 veces más probabilidad de presentar uno de estos cuadros, entre ellos fibromialgia, dolor crónico generalizado, fatiga crónica, trastorno temporomandibular y colon irritable.
Los propios autores subrayan los límites del hallazgo. Se trata de una asociación, buena parte de la literatura revisada tenía calidad metodológica baja y hacen falta estudios prospectivos para entender los mecanismos implicados. La lectura prudente resulta clara: la historia vital merece un lugar en la conversación clínica, y cada síntoma físico merece también evaluación médica en su propio terreno.
Por eso, cuando alguien consulta por sensaciones corporales persistentes, conviene que la evaluación sea amplia desde el comienzo.
- Revisión médica del síntoma, para atender con rigor lo que corresponde al ámbito de la salud física.
- Historia vital detallada, que incluya episodios significativos y el contexto en que ocurrieron.
- Mapa de las sensaciones: dónde aparecen, en qué momentos y frente a qué señales del ambiente.
- Inventario de recursos actuales: vínculos, rutinas y habilidades de regulación ya disponibles.
Cómo trabajan las terapias contextuales con este registro
Las terapias contextuales comparten un punto de partida: el foco está en la relación que la persona establece con lo que aparece y en la posibilidad de actuar según lo que valora, incluso mientras el cuerpo se activa. Desde ACT eso implica hacer espacio a la sensación, observarla con curiosidad y elegir el paso siguiente. DBT aporta habilidades de regulación emocional y tolerancia al malestar, junto a la validación de aquello que la emoción tiene de comprensible. CFT cultiva el sistema de calma y afiliación como contrapeso del sistema de amenaza.
EMDR ocupa un lugar propio en este mapa, porque su trabajo apunta directamente al procesamiento del recuerdo. La revisión Cochrane firmada por Jonathan Bisson y su equipo, que incluyó 70 estudios y 4.761 participantes, concluyó que la terapia cognitivo conductual centrada en el trauma y EMDR reducen los síntomas evaluados por clínicos en comparación con lista de espera o cuidado habitual. Los mismos autores advierten que la calidad de la evidencia disponible era muy baja, de modo que el resultado orienta la práctica y sigue en revisión.
Para presentaciones más complejas hay datos alentadores. Un ensayo aleatorizado publicado en JAMA Psychiatry por Martin Bohus y su equipo comparó DBT adaptada a trauma con terapia de procesamiento cognitivo en 193 mujeres sobrevivientes de abuso infantil que además presentaban desregulación emocional. Ambos tratamientos lograron mejoras significativas, con tamaños de efecto grandes. Cuadros considerados difíciles durante décadas responden a tratamientos estructurados.
Una mirada chilena sobre el cuidado informado en trauma
En Chile esta conversación ya está instalada en la literatura especializada. Verónica Vitriol y su equipo revisaron en la Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría el modelo de cuidado informado en trauma, aplicado al subgrupo de pacientes con depresión e historia de adversidad infantil. Describen una presentación clínica más compleja y mayor severidad, y proponen incorporar los hallazgos del campo del trauma al tratamiento habitual, incluida la atención primaria.
Un ritmo que cada persona pueda sostener
Cuando alguien empieza a prestar atención a estas señales, conviene avanzar de a poco. Nombrar la sensación mientras ocurre ya introduce una diferencia útil, porque agrega palabras a un registro que operaba en clave sensorial. Apoyar los pies en el suelo, alargar la exhalación y mirar alrededor para reconocer el lugar actual entregan al organismo información del presente.
Estos gestos acompañan, y el trabajo de fondo avanza mejor con apoyo profesional, sobre todo cuando las sensaciones resultan intensas o llevan mucho tiempo. Un proceso bien conducido cuida el ritmo, construye primero estabilidad y recursos, y recién después se acerca al material más cargado.
Preguntas frecuentes
¿Es cierto que el cuerpo guarda el trauma?
La expresión popular tiene una base real y conviene precisarla. La investigación describe que las experiencias intensas dejan un registro sensorial y fisiológico que se reactiva frente a señales parecidas, con participación del sistema nervioso autónomo y de los circuitos cerebrales del miedo. Hablar de memoria corporal nombra ese aprendizaje del organismo completo, y ese registro admite trabajo terapéutico con métodos que ya cuentan con respaldo empírico.
¿Qué significa tener síntomas físicos cuando los exámenes médicos resultan normales?
Significa que conviene ampliar la mirada manteniendo el seguimiento médico. Un metaanálisis con 71 estudios encontró una asociación entre historia traumática y síndromes somáticos funcionales como fibromialgia, fatiga crónica o colon irritable. Lo recomendable es sostener ambos cuidados a la vez: el control con el equipo de salud física y un espacio psicológico que considere la historia vital completa.
¿Qué terapias cuentan con evidencia para trabajar el trauma?
La revisión Cochrane respalda la terapia cognitivo conductual centrada en el trauma y EMDR para el estrés postraumático en adultos. Para presentaciones complejas con desregulación emocional existe evidencia de ensayos aleatorizados con DBT adaptada a trauma. ACT y CFT aportan herramientas complementarias de flexibilidad psicológica y de regulación. Puedes revisar modalidades y valores en precios o conocer al equipo en nuestro centro.
Si reconoces algo tuyo en estas descripciones, conversarlo con un profesional puede ordenar el panorama y devolver una explicación comprensible a lo que el cuerpo viene señalando hace tiempo. En Mentis Viva trabajamos desde terapias contextuales, con atención online y un ritmo acordado con cada persona.
Fuentes
- Brewin, C. R., Gregory, J. D., Lipton, M., & Burgess, N. (2010). Intrusive images in psychological disorders: Characteristics, neural mechanisms, and treatment implications. Psychological Review, 117(1), 210-232. https://doi.org/10.1037/a0018113 Ver fuente
- van der Kolk, B. A. (1994). The body keeps the score: Memory and the evolving psychobiology of posttraumatic stress. Harvard Review of Psychiatry, 1(5), 253-265. https://doi.org/10.3109/10673229409017088 Ver fuente
- Pitman, R. K., Rasmusson, A. M., Koenen, K. C., Shin, L. M., Orr, S. P., Gilbertson, M. W., Milad, M. R., & Liberzon, I. (2012). Biological studies of post-traumatic stress disorder. Nature Reviews Neuroscience, 13(11), 769-787. https://doi.org/10.1038/nrn3339 Ver fuente
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- Bisson, J. I., Roberts, N. P., Andrew, M., Cooper, R., & Lewis, C. (2013). Psychological therapies for chronic post-traumatic stress disorder (PTSD) in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2013(12), CD003388. https://doi.org/10.1002/14651858.CD003388.pub4 Ver fuente
- Bohus, M., Kleindienst, N., Hahn, C., Müller-Engelmann, M., Ludäscher, P., Steil, R., Fydrich, T., Kuehner, C., Resick, P. A., Stiglmayr, C., Schmahl, C., & Priebe, K. (2020). Dialectical Behavior Therapy for Posttraumatic Stress Disorder (DBT-PTSD) compared with Cognitive Processing Therapy (CPT) in complex presentations of PTSD in women survivors of childhood abuse: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 77(12), 1235-1245. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2020.2148 Ver fuente
- Vitriol, V., Sciolla, A., Cancino, A., Contreras, F., Mansilla, C., Muñoz, M. I., Suazo, C., & Jara, M. (2020). Cuidado informado en trauma: un modelo emergente para el abordaje del subtipo depresivo con historia de adversidad infantil. Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría, 58(4), 348-362. https://doi.org/10.4067/S0717-92272020000400348 Ver fuente
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