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Infancia

ACE: la huella de la infancia y cómo puede transformarse

Los ACE son experiencias difíciles vividas antes de los 18 años. La evidencia muestra que dejan huella en la salud, las emociones y los vínculos, y también que esa huella admite cambio.

· 7 min de lectura · Equipo Mentis Viva

ACE: la huella de la infancia y cómo puede transformarse
Portada: Mentis Viva

Hay historias que se cuentan en voz baja, casi al pasar, como si le hubieran ocurrido a otra persona. Una casa donde el miedo formaba parte del paisaje, un adulto disponible solo a ratos, un silencio que se aprendió temprano. La investigación en salud mental tiene un nombre para esas vivencias: experiencias adversas en la infancia, conocidas por su sigla en inglés ACE. Ponerles nombre abre una conversación más precisa y más amable sobre aquello que muchas personas llevan consigo durante años.

Qué son exactamente los ACE

Los ACE son situaciones adversas ocurridas antes de los 18 años. El marco original, desarrollado a fines de los años noventa por un equipo de Kaiser Permanente y los CDC de Estados Unidos, agrupó siete categorías: abuso psicológico, físico y sexual, presenciar violencia contra la madre, y convivir con personas con consumo problemático de sustancias, con enfermedad mental o con antecedentes de privación de libertad. Versiones posteriores incorporaron la negligencia física y emocional, la separación parental y, en las adaptaciones internacionales, la violencia comunitaria y el acoso escolar.

Aquel primer estudio reunió respuestas de 9.508 adultos y encontró un patrón que se ha repetido desde entonces: mientras más categorías de adversidad reportaba una persona, con mayor frecuencia aparecían problemas de salud a lo largo de la vida. Quienes informaban cuatro o más categorías presentaban riesgos entre cuatro y doce veces mayores de consumo problemático de alcohol y drogas, depresión e intento de suicidio, en comparación con quienes reportaban ninguna.

  • Abuso psicológico, físico o sexual antes de los 18 años
  • Negligencia física o emocional sostenida en el tiempo
  • Presenciar violencia hacia la madre u otro cuidador
  • Convivir con alguien con consumo problemático de sustancias
  • Convivir con alguien con una enfermedad mental grave o riesgo suicida
  • Pérdida de un cuidador por separación, abandono o privación de libertad
  • En las adaptaciones internacionales, violencia comunitaria y acoso escolar

El peso del número: qué muestra la evidencia

La revisión sistemática y metaanálisis más citada sobre el tema reunió 37 estudios y 253.719 participantes. Al comparar a personas con cuatro o más ACE con personas que reportaban ninguno, encontró asociaciones con veintitrés desenlaces de salud distintos. Las más fuertes aparecieron en consumo problemático de drogas y en violencia interpersonal y autodirigida, con razones de probabilidad superiores a siete. La salud mental mostró también asociaciones robustas, con valores que se ubicaron entre tres y seis.

Conviene leer estas cifras con cuidado. Describen lo que ocurre en grandes grupos poblacionales y señalan dónde conviene poner recursos públicos y clínicos. A escala individual funcionan como una brújula: orientan la conversación, iluminan zonas que merecen atención y dejan el curso de cada historia abierto a lo que esa persona decida hacer con él. Dos personas con el mismo puntaje pueden llevar vidas completamente distintas, y eso también forma parte de lo que la evidencia muestra.

Los ACE en Chile: una primera fotografía

En Chile la investigación sobre el tema es reciente. Un estudio publicado en 2022, basado en el piloto de la Encuesta Nacional de Adversidad y Abuso Sexual en la Niñez del Centro CUIDA de la Pontificia Universidad Católica de Chile, trabajó con 200 adultos de zonas urbanas. Cerca del 90% reportó al menos una experiencia adversa y un 54,6% informó cuatro o más. La violencia comunitaria apareció como la más frecuente, con 58,9%, seguida por presenciar violencia en el hogar, con 46,5%, y el acoso escolar, con 43,7%.

El mismo trabajo observó que, en mujeres, cada experiencia adversa adicional se asoció con un aumento de 22% en la cantidad de problemas de salud mental a lo largo de la vida, mientras que en hombres cada experiencia adicional se relacionó con un aumento de 15% en problemas de consumo. Se trata de una muestra pequeña y de carácter piloto, de modo que estos resultados funcionan como una primera fotografía del fenómeno en el país y como una invitación a seguir investigando con muestras más amplias.

Publicación de Mentis Viva en Instagram sobre ace: experiencias adversas en la infancia y su impacto
Publicación original en Instagram, 8 de julio de 2026.

Qué deja la adversidad temprana en la vida adulta

Crecer en un entorno donde la amenaza era frecuente enseña al cuerpo a anticiparla. El sistema de alerta queda calibrado para detectar señales de peligro con rapidez, algo que resultó útil en su momento y que más tarde reaparece en contextos seguros: un sobresalto ante cierto tono de voz, la lectura permanente del estado de ánimo ajeno, la dificultad para descansar justo cuando todo está en calma. Esa calibración tiene una lógica histórica, y reconocerla suele traer alivio.

A eso suele sumarse una voz interna exigente. La terapia focalizada en la compasión se desarrolló justamente para trabajar con personas en quienes la vergüenza y la autocrítica ocupan un lugar central, y propone comprender la mente como un conjunto de sistemas de regulación emocional: uno orientado a la amenaza, otro al logro y otro a la calma y la afiliación. En historias marcadas por la adversidad temprana, el sistema de calma suele haber recibido poca práctica, y se trata de una capacidad que se puede entrenar con acompañamiento.

La investigación contextual aporta otra pieza relevante. Un estudio publicado en 2025 con adultos encontró que la flexibilidad psicológica, entendida como la capacidad de mantenerse en contacto con la experiencia interna y actuar según los propios valores, media buena parte del vínculo entre las experiencias interpersonales adversas de la infancia y la calidad de vida adulta: el efecto indirecto explicó entre 18% y 42% del efecto total, y entre 21% y 22% en el caso de la sintomatología psicológica. Dicho de otro modo, entre la historia y el presente hay un mecanismo modificable.

Caminos de trabajo terapéutico

Las terapias contextuales ofrecen entradas distintas y complementarias. La terapia de aceptación y compromiso trabaja sobre la relación con los pensamientos y las emociones difíciles, y organiza la acción en torno a lo que cada persona valora. La terapia dialéctico conductual entrena habilidades concretas de regulación emocional, tolerancia al malestar y efectividad interpersonal, sostenidas por una práctica constante de validación. La terapia focalizada en la compasión cultiva el trato interno amable como una habilidad entrenable. Y el EMDR facilita el procesamiento de recuerdos que siguen activos en el presente.

La evidencia acompaña este trabajo. Un metaanálisis de dieciséis ensayos controlados aleatorizados, centrado específicamente en adultos sobrevivientes de abuso infantil con estrés postraumático, encontró un tamaño de efecto agregado de g igual a 1,24 entre el inicio y el término del tratamiento, con resultados que se mantuvieron en el seguimiento. Los abordajes centrados en el trauma mostraron efectos mayores que aquellos orientados a otros focos, y las modalidades con sesiones individuales superaron a los formatos exclusivamente grupales.

En la práctica clínica el ritmo lo marca la persona. El trabajo suele comenzar por construir seguridad, estabilizar el día a día y ampliar recursos de regulación emocional, y el abordaje directo de los recuerdos llega cuando existe una base suficiente para sostenerlo. Ese orden importa tanto como la técnica elegida, y conversarlo de manera explícita al inicio de un proceso ayuda a que cada persona sepa hacia dónde va y con qué cuenta en el camino.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé cuántos ACE tengo y para qué sirve ese puntaje?

El puntaje ACE se obtiene contando cuántas categorías de adversidad estuvieron presentes antes de los 18 años. Funciona como un indicador poblacional de riesgo y resulta especialmente útil para orientar una conversación clínica. Dos personas con el mismo puntaje pueden tener historias y necesidades muy diferentes, de modo que su valor real aparece cuando se revisa junto a un profesional. Puedes conocer a nuestro equipo en la página del centro.

¿Se puede trabajar esto siendo adulto, muchos años después?

Sí. La literatura sobre tratamiento psicológico en adultos sobrevivientes de abuso infantil muestra efectos consistentes y estables en el tiempo, con mejores resultados en abordajes centrados en el trauma y en formatos individuales. El momento oportuno es aquel en que la persona cuenta con apoyo y disponibilidad para iniciar el proceso. Si quieres revisar valores y modalidades de atención, están publicados en nuestra página de precios.

¿Las experiencias adversas que viví afectan a mis hijos?

La adversidad temprana influye en los estilos de crianza, en la regulación emocional de los cuidadores y en el clima familiar, y por esa vía puede llegar a la generación siguiente. Esa cadena admite intervención: el trabajo personal de quienes cuidan, las redes de apoyo y la presencia de vínculos estables operan como factores protectores. Comprender la propia historia suele ser, en la práctica, uno de los mejores regalos que se le puede hacer a un hijo.

Si al leer esto reconociste algo de tu propia historia, conversarlo con un profesional puede ser un buen punto de partida. En Mentis Viva acompañamos estos procesos desde los enfoques contextuales, con ACT, DBT, EMDR y terapia focalizada en la compasión, al ritmo que cada persona necesite y cuando le haga sentido dar ese paso.

Fuentes

  1. Opcionalmente, titulo estricto segun Crossref (sin el subtitulo): Felitti, V. J., Anda, R. F., Nordenberg, D., Williamson, D. F., Spitz, A. M., Edwards, V., Koss, M. P., & Marks, J. S. (1998). Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults. American Journal of Preventive Medicine, 14(4), 245-258. https://doi.org/10.1016/S0749-3797(98)00017-8 Ver fuente
  2. Hughes, K., Bellis, M. A., Hardcastle, K. A., Sethi, D., Butchart, A., Mikton, C., Jones, L., & Dunne, M. P. (2017). The effect of multiple adverse childhood experiences on health: A systematic review and meta-analysis. The Lancet Public Health, 2(8), e356-e366. https://doi.org/10.1016/S2468-2667(17)30118-4 Ver fuente
  3. Ramírez Labbé, S., Santelices, M. P., Hamilton, J., & Velasco, C. (2022). Adverse childhood experiences: Mental health consequences and risk behaviors in women and men in Chile. Children, 9(12), 1841. https://doi.org/10.3390/children9121841 Ver fuente
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  5. Fazio, L., Semeraro, C., Pennacchio, T. C., Asselti, M. G., Russo, M., Cassibba, R., Bertolino, A., Rampino, A., Grattagliano, I., Pergola, G., & Antonucci, L. A. (2025). Psychological flexibility mediates the long-term impact of adverse interpersonal experiences in childhood and adolescence. BMC Psychology, 13, 927. https://doi.org/10.1186/s40359-025-03297-5 Ver fuente
  6. Ehring, T., Welboren, R., Morina, N., Wicherts, J. M., Freitag, J., & Emmelkamp, P. M. G. (2014). Meta-analysis of psychological treatments for posttraumatic stress disorder in adult survivors of childhood abuse. Clinical Psychology Review, 34(8), 645-657. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2014.10.004 Ver fuente

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