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InfanciaUn corazón valiente: enseñar flexibilidad psicológica en la infancia
Un relato permite que niños y niñas aprendan a mirar lo que sienten y a seguir aquello que les importa. Revisamos los seis caminos de ACT y cómo se practican en casa.
Hay una escena que se repite en la consulta y en muchas casas. Un niño dice que tiene miedo y el adulto que lo quiere responde con la mejor intención: ya va a pasar, sé valiente, piensa en otra cosa. El gesto busca aliviar. Lo que el niño suele aprender, en cambio, es que ciertas emociones conviene guardarlas. Enseñar flexibilidad psicológica propone el movimiento contrario: dar lugar a lo que se siente y elegir desde ahí cómo seguir.
Qué significa flexibilidad psicológica cuando hablamos de niños y niñas
El modelo de aceptación y compromiso define la flexibilidad psicológica como la capacidad de contactar con el momento presente de manera plena y consciente, y de sostener o modificar la conducta al servicio de los valores elegidos (Hayes, Luoma, Bond, Masuda y Lillis, 2006). Enunciado así suena abstracto. En la infancia, en cambio, se vuelve algo concreto y observable.
Se reconoce cuando un niño logra quedarse un momento con la pena antes de reaccionar, cuando nombra lo que le ocurre con palabras propias, cuando pide ayuda y luego vuelve al juego. Se reconoce también cuando una niña entra a la sala el primer día de clases con el estómago apretado y aun así saluda, porque hacer amigos le importa más que la incomodidad de ese minuto.
La investigación describe con igual precisión el patrón opuesto. Lo llama inflexibilidad psicológica y lo entiende como la mezcla de fusión cognitiva, que consiste en tomar los pensamientos como si fueran hechos, y evitación experiencial, el esfuerzo sostenido por apartar lo que incomoda. Greco, Lambert y Baer (2008) desarrollaron un cuestionario infantil para medir esos procesos, lo que confirma que hablamos de habilidades evaluables desde la voz del propio niño.
Mirar esto de manera temprana tiene sentido. Un estudio comunitario chileno con población de 4 a 18 años estimó que un 22,5% presentaba algún trastorno psiquiátrico, con una cifra mayor en el tramo de 4 a 11 años, un 27,8%, que en la adolescencia (Vicente et al., 2012). La infancia es justamente el período en que el repertorio emocional se está formando.
Por qué un cuento enseña lo que una explicación deja a medias
Los niños piensan en imágenes, en personajes y en escenas. Esa es una de las razones por las que ACT trabaja con metáforas incluso con adultos, y explica la eficacia del relato a esta edad. Una historia entrega vocabulario emocional y, al mismo tiempo, una distancia amable: hablar del miedo de un personaje resulta más accesible que hablar del miedo propio, y abre la puerta para llegar después a lo personal.
La lectura compartida agrega algo que el libro por sí solo difícilmente logra. Pone a un adulto y a un niño frente a la misma escena, con tiempo y una conversación que admite preguntas. Ese espacio común es donde la habilidad se practica, porque el niño observa cómo alguien mayor nombra lo que siente, lo acoge y sigue adelante.
Un corazón valiente no es el que no siente miedo, sino el que aprende a mirarlo de frente, escucharse y seguir lo que realmente importa.
El corazón valiente de Lila
Los seis caminos que recorre Lila
El corazón valiente de Lila organiza su historia en torno a los seis procesos que ACT identifica como el núcleo de la flexibilidad psicológica. Lila es una coneja que vive en el bosque de los abrazos y que, como cualquier niño, a veces siente miedo, tristeza o dudas que parecen nubes grandes en su cielo. Cada tramo del relato encarna uno de esos caminos y los traduce a imágenes que un niño reconoce.
- Aceptar las emociones: abrir espacio al miedo, la pena o la rabia, y permitir que estén mientras el día continúa.
- Observar los pensamientos: reconocerlos como ideas que aparecen y pasan, de modo que el niño conserve la libertad de elegir qué hacer.
- Conectar con el presente: volver al aquí y ahora a través del cuerpo, los sentidos y lo que ocurre alrededor.
- Descubrir el yo que observa: darse cuenta de que quien mira las emociones es más amplio que cualquiera de ellas.
- Reconocer lo que importa: identificar qué quiere cuidar, la amistad, la curiosidad, el cariño por su familia.
- Dar pasos valientes: convertir eso que importa en acciones pequeñas y posibles, del tamaño de su día.
Estos caminos se entrenan con ejercicios breves y lúdicos, pensados para que niños y adultos los realicen juntos. El juego cumple aquí una función precisa: convierte una idea escuchada en experiencia vivida, que es la forma en que estas habilidades se afianzan.
El papel del adulto que acompaña la lectura
Los niños aprenden a relacionarse con sus emociones observando cómo los adultos responden ante ellas. La literatura sobre socialización emocional describe tres vías principales: las reacciones de madres y padres frente a lo que el niño siente, las conversaciones que sostienen acerca de las emociones y la manera en que el propio adulto expresa las suyas (Eisenberg, Cumberland y Spinrad, 1998).
Por eso los ejercicios que acompañan a la historia se practican en conjunto. Un adulto que reconoce que también siente miedo a veces, y que aun así hace lo que le importa, enseña más que cualquier consejo. La lectura se transforma en un entrenamiento compartido, breve y repetible, que cabe en la rutina de la noche.
Hay un ingrediente que conviene cuidar de manera explícita: el tono con que el niño se habla a sí mismo cuando algo le sale mal. Un metaanálisis que reunió 19 estudios y 7.049 adolescentes de 10 a 19 años encontró una asociación inversa de magnitud alta entre autocompasión y malestar psicológico, medido como ansiedad, depresión y estrés (Marsh, Chan y MacBeth, 2018). Cultivar amabilidad hacia uno mismo forma parte del mismo aprendizaje.
Qué respalda la evidencia y qué conviene esperar
Las intervenciones basadas en ACT llevan años aplicándose con población infantil y ya han sido objeto de revisiones sistemáticas que ordenan ese cuerpo de estudios (Swain, Hancock, Dixon y Bowman, 2015). En jóvenes de 15 a 25 años, un metaanálisis de 65 estudios con 5.283 participantes halló un efecto moderado de ACT frente a condiciones de control, con una magnitud de g = 0,72, y resultados comparables a los de la terapia cognitivo-conductual y otros tratamientos activos (Keulen, Deković, Oud, A-Tjak y Bodden, 2025).
Estas cifras se leen mejor con mesura. Un cuento es una puerta de entrada y un lenguaje común para la familia, y rinde más como práctica cotidiana que como respuesta única. Cuando el malestar de un niño se vuelve persistente y afecta su sueño, su ánimo, su asistencia al colegio o sus vínculos, la lectura acompaña y la consulta con un profesional orienta el camino.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad se puede enseñar flexibilidad psicológica a un niño?
Desde muy temprano, siempre que el lenguaje se ajuste a la etapa. Entre los 4 y los 10 años el cuento y el juego son la vía más natural, porque permiten traducir ideas abstractas a imágenes concretas. En la adolescencia el trabajo se vuelve más conversado y se apoya en ejemplos de la vida diaria. Cambia el formato y los seis procesos siguen siendo los mismos.
¿Cómo leer El corazón valiente de Lila con mi hijo o hija?
Conviene leer por tramos cortos y detenerse cuando algo llame la atención del niño. Preguntas abiertas como qué crees que siente Lila aquí o cuándo te has sentido así abren la conversación. Después basta con elegir un ejercicio de la segunda parte del libro y practicarlo juntos ese mismo día. La repetición tranquila rinde más que una lectura extensa y única.
¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo infantil?
Cuando el malestar se mantiene en el tiempo y empieza a limitar la vida del niño: cambios sostenidos en el sueño o el apetito, rechazo a ir al colegio, retraimiento social o irritabilidad persistente. En el Centro Mentis Viva trabajamos con niños, niñas y sus familias desde los enfoques contextuales, y la información de aranceles está disponible en precios.
Enseñar flexibilidad psicológica es, en el fondo, entregar una manera distinta de estar con lo que se siente: más amable, más curiosa y más libre. Si quieres conversar sobre el momento que atraviesa tu hijo o hija, en Mentis Viva puedes agendar una primera consulta y orientarte con calma.
Fuentes
- Hayes, S. C., Luoma, J. B., Bond, F. W., Masuda, A., & Lillis, J. (2006). Acceptance and Commitment Therapy: Model, processes and outcomes. Behaviour Research and Therapy, 44(1), 1-25. https://doi.org/10.1016/j.brat.2005.06.006 Ver fuente
- La referencia esta correcta tal como fue escrita. Solo ajustaria la redaccion de la afirmacion: "Greco, Lambert y Baer (2008) desarrollaron y validaron el AFQ-Y, un cuestionario de autoinforme para ninos y adolescentes que mide inflexibilidad psicologica (fusion cognitiva y evitacion experiencial), mostrando que estos procesos pueden evaluarse desde la voz del propio nino." Ver fuente
- Vicente, B., Saldivia, S., de la Barra, F., Kohn, R., Pihan, R., Valdivia, M., Rioseco, P., & Melipillan, R. (2012). Prevalence of child and adolescent mental disorders in Chile: a community epidemiological study. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 53(10), 1026-1035. https://doi.org/10.1111/j.1469-7610.2012.02566.x Ver fuente
- Eisenberg, N., Cumberland, A., & Spinrad, T. L. (1998). Parental socialization of emotion. Psychological Inquiry, 9(4), 241-273. https://doi.org/10.1207/s15327965pli0904_1 Ver fuente
- Marsh, I. C., Chan, S. W. Y., & MacBeth, A. (2018). Self-compassion and psychological distress in adolescents: A meta-analysis. Mindfulness, 9(4), 1011-1027. https://doi.org/10.1007/s12671-017-0850-7 Ver fuente
- Swain, J., Hancock, K., Dixon, A., & Bowman, J. (2015). Acceptance and Commitment Therapy for children: A systematic review of intervention studies. Journal of Contextual Behavioral Science, 4(2), 73-85. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2015.02.001 Ver fuente
- Keulen, J., Deković, M., Oud, M., A-Tjak, J., & Bodden, D. (2025). The efficacy of Acceptance and Commitment Therapy for transitional-age youth: A meta-analysis. Clinical Child and Family Psychology Review, 28(4), 823-857. https://doi.org/10.1007/s10567-025-00543-5 Ver fuente
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