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TraumaEl trauma y la manera en que te relacionas contigo mismo
El impacto del trauma se nota en la manera de habitar el cuerpo, de vincularse y, sobre todo, de tratarse a uno mismo. La Terapia de Aceptación y Compromiso propone otra forma de sostener esa experiencia.
Hay una parte del trauma que se comenta poco y pesa mucho. Más allá de los recuerdos que irrumpen, del sobresalto o de las noches largas, suele quedar tocado algo más silencioso: la manera en que una persona se trata a sí misma. El cuerpo empieza a sentirse territorio ajeno, la propia reacción durante el hecho se transforma en motivo de juicio y la confianza queda en suspenso. Ese vínculo interno merece un lugar propio en la conversación clínica.
Una experiencia más común de lo que suele suponerse
Las encuestas del consorcio World Mental Health, con 68.894 adultos de 24 países, muestran que más del 70 por ciento de las personas reporta al menos un acontecimiento traumático a lo largo de la vida y que un 30,5 por ciento acumula cuatro o más (Benjet et al., 2016). En Chile, un estudio representativo realizado en tres ciudades estimó una prevalencia de trastorno de estrés postraumático a lo largo de la vida de 4,4 por ciento, con 6,2 por ciento en mujeres y 2,5 por ciento en hombres (Zlotnick et al., 2006).
Las dos cifras conviven bien. La exposición a hechos traumáticos es amplia y la mayoría de las personas logra reorganizarse con el tiempo, con apoyo cercano y con sus propios recursos. Un grupo más acotado desarrolla un cuadro que se sostiene y que mejora con atención especializada. Entre ambos escenarios existe un territorio extenso, poblado por quienes funcionan bien en la vida diaria y a la vez cargan una relación áspera consigo mismos.
Lo que queda tocado: el cuerpo, la memoria y el trato propio
El trauma se inscribe en el cuerpo antes que en el relato. Muchas personas describen un estado de alerta que se enciende ante señales mínimas, una fatiga difícil de explicar o una distancia extraña respecto de las propias sensaciones. El cuerpo, que fue el escenario del hecho, pasa a leerse como fuente de amenaza, y esa lectura moldea decisiones cotidianas sobre dónde estar, con quién y hasta qué punto dejarse sentir.
Sobre esa base aparece la vergüenza. Una revisión que reunió 47 estudios cuantitativos encontró respaldo consistente para la asociación entre vergüenza y estrés postraumático, además de evidencia preliminar de su utilidad como foco de tratamiento (Saraiya y Lopez-Castro, 2016). La vergüenza opera hacia adentro: habla de lo que la persona cree ser, más que de lo que ocurrió. Por eso desgasta el vínculo consigo misma con una constancia que otras emociones difíciles rara vez alcanzan.
A la vergüenza se suma una autocrítica que revisa el pasado buscando responsabilidades. Debí haber reaccionado distinto. Algo en mí lo permitió. Son frases que aparecen una y otra vez en consulta y que cumplen una función comprensible: ofrecen una ilusión de control sobre algo que ocurrió fuera de control.
Cuando evitar se convierte en el paisaje completo
Frente a ese malestar, la mente hace lo que sabe hacer: alejarse. La evitación experiencial describe los intentos sostenidos por cambiar la forma, la frecuencia o el contexto de pensamientos, emociones y sensaciones internas. Alivia rápido, y ese alivio inmediato la vuelve muy convincente.
El costo aparece después. La vida se estrecha alrededor de lo que conviene evitar: ciertas calles, ciertas conversaciones, ciertos recuerdos, ciertos gestos de intimidad. La revisión de Kashdan y Rottenberg (2010) sitúa la flexibilidad psicológica, entendida como la capacidad de adaptarse a las demandas del contexto, sostener el equilibrio entre áreas importantes de la vida y mantenerse abierto y comprometido con conductas coherentes con los valores, como un aspecto central de la salud mental.
Una forma distinta de relacionarse con la experiencia traumática
La Terapia de Aceptación y Compromiso, conocida por su sigla en inglés ACT, trabaja justamente sobre la relación con la experiencia interna. El foco se desplaza desde el contenido de los recuerdos hacia la manera de sostenerlos. En lugar de discutir con un pensamiento para comprobar si es verdadero, se observa qué hace ese pensamiento con la vida de la persona cuando ella lo toma al pie de la letra.
Dos procesos resultan especialmente útiles cuando lo que duele es el trato hacia uno mismo. La defusión cognitiva permite ver los juicios como eventos mentales que llegan y se van, más que como verdades sobre la identidad. El yo como contexto, a su vez, abre un lugar desde el cual observar la propia historia: la persona es quien contiene esos recuerdos y esas emociones, y siempre fue más amplia que cualquiera de ellos.
Ese giro tiene consecuencias prácticas. Cuando el yo deja de confundirse con el relato del daño, aparece espacio para elegir. Los valores entran entonces a la conversación y la pregunta cambia de tono: en lugar de calcular cuándo desaparecerá el malestar, la persona empieza a preguntarse qué quiere hacer con el día de hoy.
- Reconocer las señales del cuerpo con curiosidad, a un ritmo que la persona pueda sostener.
- Dar nombre a los juicios internos y observar su llegada como quien mira pasar el clima.
- Recuperar actividades y vínculos que quedaron guardados mientras la evitación crecía.
- Clarificar valores, es decir, direcciones vitales que orientan la conducta más allá del estado de ánimo.
- Construir gestos concretos y pequeños que acerquen a esos valores durante esta semana.
La autocompasión entendida como habilidad clínica
Si la vergüenza y la autocrítica forman parte del problema, el trato amable hacia uno mismo pasa a formar parte del trabajo. Una revisión sistemática de 35 estudios encontró evidencia consistente de que mayores niveles de autocompasión se asocian con menor sintomatología postraumática, y evidencia preliminar de que las intervenciones basadas en ese modelo reducen síntomas (Winders et al., 2020).
En la Terapia Focalizada en la Compasión esto se entrena de manera explícita, con ejercicios dirigidos a activar el sistema de calma y a construir una voz interna capaz de acompañar en vez de fiscalizar. Conviene decirlo con precisión: la autocompasión funciona aquí como una habilidad que se practica, con la misma lógica con que se entrenan la atención o la regulación emocional.
Qué muestra la evidencia disponible
Un metaanálisis reciente reunió 11 estudios sobre intervenciones ACT en adultos con síntomas relacionados con trauma y encontró un efecto moderado y estadísticamente significativo en la reducción de síntomas al término de la intervención (g de Hedges igual a menos 0,423; Rowe-Johnson et al., 2025). Es un resultado alentador y todavía en desarrollo, que convive con la evidencia más extensa acumulada por las terapias centradas en el trauma.
Para presentaciones complejas existe además un antecedente robusto. Un ensayo clínico aleatorizado con 193 mujeres con estrés postraumático asociado a abuso en la infancia comparó DBT-PTSD con terapia de procesamiento cognitivo: ambos grupos mejoraron de manera significativa y DBT-PTSD mostró una superioridad pequeña y estadísticamente significativa (Bohus et al., 2020). La lectura clínica resulta clara: existe más de un camino, y la elección se hace caso a caso, con la persona presente en esa decisión.
Preguntas frecuentes
¿El trauma deja huellas permanentes en la relación con uno mismo?
La evidencia muestra que la exposición a hechos traumáticos es frecuente y que la mayoría de las personas logra reorganizarse con el tiempo, con apoyo cercano y con sus propios recursos. Cuando el malestar se sostiene y va estrechando la vida cotidiana, la atención especializada abre caminos concretos. El trato hacia uno mismo suele ser uno de los aspectos que se aborda de manera directa durante el proceso.
¿Cuánto dura una terapia enfocada en trauma?
Depende del tipo de experiencia, del tiempo transcurrido y de los objetivos que la persona defina. Los protocolos estudiados van desde intervenciones breves de algunas semanas hasta procesos de alrededor de un año en presentaciones complejas. En la primera consulta se conversa el encuadre, la frecuencia y la duración estimada. Puedes revisar valores y modalidades en precios.
¿Qué enfoque conviene para trabajar el trauma?
La elección depende del cuadro, de la historia y del momento vital. ACT trabaja la relación con la experiencia interna y la dirección de valores; DBT aporta regulación emocional y estructura en presentaciones complejas; EMDR y la Terapia Focalizada en la Compasión suman recursos específicos para el procesamiento y para la vergüenza. Puedes conocer a los profesionales y sus especialidades en el centro, donde el plan se define en conjunto durante las primeras sesiones.
Si al leer esto reconociste tu propia manera de tratarte, vale la pena conversarlo con alguien preparado para escucharlo. En Mentis Viva trabajamos desde las terapias contextuales, con un encuadre que respeta el ritmo de cada persona y que pone el vínculo contigo mismo en el centro del proceso.
Fuentes
- Benjet, C., Bromet, E., Karam, E. G., Kessler, R. C., McLaughlin, K. A., Ruscio, A. M., Shahly, V., Stein, D. J., Petukhova, M., Hill, E., Alonso, J., Atwoli, L., Bunting, B., Bruffaerts, R., Caldas-de-Almeida, J. M., de Girolamo, G., Florescu, S., Gureje, O., Huang, Y., ... Koenen, K. C. (2016). The epidemiology of traumatic event exposure worldwide: Results from the World Mental Health Survey Consortium. Psychological Medicine, 46(2), 327-343. https://doi.org/10.1017/S0033291715001981 Ver fuente
- Zlotnick, C., Johnson, J., Kohn, R., Vicente, B., Rioseco, P., & Saldivia, S. (2006). Epidemiology of trauma, post-traumatic stress disorder (PTSD) and co-morbid disorders in Chile. Psychological Medicine, 36(11), 1523-1533. https://doi.org/10.1017/S0033291706008282 Ver fuente
- Saraiya, T., & Lopez-Castro, T. (2016). Ashamed and afraid: A scoping review of the role of shame in post-traumatic stress disorder (PTSD). Journal of Clinical Medicine, 5(11), 94. https://doi.org/10.3390/jcm5110094 Ver fuente
- Kashdan, T. B., & Rottenberg, J. (2010). Psychological flexibility as a fundamental aspect of health. Clinical Psychology Review, 30(7), 865-878. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2010.03.001 Ver fuente
- Winders, S. J., Murphy, O., Looney, K., & O'Reilly, G. (2020). Self-compassion, trauma, and posttraumatic stress disorder: A systematic review. Clinical Psychology & Psychotherapy, 27(3), 300-329. https://doi.org/10.1002/cpp.2429 Ver fuente
- Rowe-Johnson, M. K., Browning, B., & Scott, B. (2025). Effects of acceptance and commitment therapy on trauma-related symptoms: A systematic review and meta-analysis. Psychological Trauma: Theory, Research, Practice, and Policy, 17(3), 668-675. https://doi.org/10.1037/tra0001785 Ver fuente
- Bohus, M., Kleindienst, N., Hahn, C., Müller-Engelmann, M., Ludäscher, P., Steil, R., Fydrich, T., Kuehner, C., Resick, P. A., Stiglmayr, C., Schmahl, C., & Priebe, K. (2020). Dialectical behavior therapy for posttraumatic stress disorder (DBT-PTSD) compared with cognitive processing therapy (CPT) in complex presentations of PTSD in women survivors of childhood abuse: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 77(12), 1235-1245. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2020.2148 Ver fuente
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