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Infancia

Cómo se aprende la compasión en la infancia: leer, conversar y actuar

La bufanda de Inés cuenta un gesto mínimo que cambia el día de alguien. A partir de esa escena, revisamos qué sabe la psicología sobre cómo se cultiva la compasión en la infancia.

· 6 min de lectura · Equipo Mentis Viva

Cómo se aprende la compasión en la infancia: leer, conversar y actuar
Portada: Mentis Viva

En la portada de La bufanda de Inés hay un pájaro posado en una rama con frutos rojos y una bufanda a rayas colgando junto a él. En la ilustración de la calle nevada, unas manos infantiles envuelven a ese mismo pájaro con la bufanda mientras al fondo se lee la palabra Escuela. El gesto dura apenas un instante dentro de la historia y, aun así, resume algo que la psicología del desarrollo viene describiendo hace décadas: alguien se dio cuenta de que otro estaba mal y decidió acercarse. Ese es exactamente el material con el que se enseña la compasión.

La compasión aparece temprano y se cultiva

Circula la idea de que los niños llegan al mundo centrados en sí mismos y que la generosidad se instala más tarde, a fuerza de reglas y de insistencia adulta. La investigación apunta en otra dirección. Felix Warneken y Michael Tomasello describieron que alrededor de los veinte meses los niños ya ayudan a un adulto en apuros, y que ese impulso responde a una motivación intrínseca, propia del niño, anterior a cualquier sistema de premios.

Hay algo más, y resulta alentador: dar produce bienestar en quien da, y eso ocurre muy pronto. Lara Aknin, Kiley Hamlin y Elizabeth Dunn observaron a niños menores de dos años repartiendo golosinas y encontraron que se mostraban más contentos al entregar un dulce que al recibirlo, y todavía más contentos cuando el dulce entregado era el propio. La compasión cuenta, entonces, con una base afectiva temprana y favorable. La crianza y la escuela se ocupan de darle forma, dirección y constancia.

Sentir con otro y hacer algo por otro

En los enfoques contextuales trabajamos con una distinción que resulta muy útil para las familias. La empatía es la capacidad de sintonizar con lo que le pasa a otra persona, de captar su alegría o su malestar. La compasión agrega un segundo movimiento: la sensibilidad ante ese malestar se transforma en disposición a aliviarlo. Sentir con alguien abre la puerta; hacer algo por alguien la cruza.

Esa diferencia tiene consecuencias prácticas. Un niño muy sensible al dolor ajeno puede quedar abrumado y retirarse, y entonces la sensibilidad se le vuelve una carga pesada. El trabajo consiste en acompañar el paso siguiente: reconocer lo que siento, sostenerlo el tiempo necesario y elegir una acción pequeña y posible. Las intervenciones basadas en compasión han mostrado efectos moderados sobre la compasión hacia otros, la autocompasión y el bienestar, según el metaanálisis de James Kirby, Cassandra Tellegen y Stanley Steindl, que reunió veintiún ensayos controlados aleatorizados. Los propios autores invitan a extender esta investigación a lo largo de todo el ciclo vital.

Por qué un cuento hace parte del trabajo

Leer juntos cumple una función que la conversación directa rara vez alcanza. El cuento ofrece un problema ajeno, con distancia suficiente para pensarlo con calma y con cercanía suficiente para reconocerse en él. Un niño que escucha sobre un pájaro que tiembla en la nieve practica, en terreno protegido, la operación mental de imaginar el estado interno de otro ser vivo.

La evidencia acompaña esta intuición con prudencia. David Dodell-Feder y Diana Tamir reunieron catorce estudios experimentales y hallaron que leer ficción mejora levemente el desempeño en tareas de cognición social, con un tamaño de efecto pequeño y estable a lo largo de sus análisis. Es un aporte modesto y real a la vez: el cuento abre la conversación, y la conversación hace el resto del camino.

Publicación de Mentis Viva en Instagram sobre cómo se enseña la compasión a niños y niñas, a propósito del cuento la bufanda de inés
Publicación original en Instagram, 2 de junio de 2026.

Cómo leer La bufanda de Inés con un niño o una niña

La recomendación del post lo dice con precisión: leer juntos puede ser el inicio de grandes conversaciones. Conviene entrar en ese diálogo con curiosidad genuina y con preguntas que dejen espacio, más que con moralejas cerradas. Algunas maneras concretas de hacerlo durante y después de la lectura:

  • Detenerse en la escena del frío y preguntar qué creen que estaba sintiendo el pájaro, y en qué se dieron cuenta.
  • Invitar a nombrar lo que siente el personaje que ayuda, incluyendo la duda o el susto previos a decidirse.
  • Preguntar por el costo del gesto: entregar la bufanda implica quedarse con menos abrigo, y justo ahí aparece la generosidad real.
  • Tender un puente hacia la vida cotidiana: alguien del curso que estuvo solo en el recreo, un vecino mayor, una mascota del barrio.
  • Cerrar con una acción del tamaño del niño, elegida por él, que pueda ocurrir durante esta semana.

El tamaño de la acción importa mucho. Una acción posible y concreta enseña más que un propósito grande y difuso, porque permite experimentar el resultado en carne propia. Volver sobre ella días después, con interés genuino y desde la curiosidad, consolida el aprendizaje mejor que cualquier explicación bien formulada.

El detalle que conviene cuidar: los premios

Aquí aparece un hallazgo que suele sorprender a madres y padres. Warneken y Tomasello observaron que los niños de veinte meses recompensados con un objeto material por ayudar ayudaban menos en una fase posterior que los niños de los grupos de elogio social y de control. El premio desplaza el motivo: la conducta pasa a depender del incentivo externo y pierde la fuerza que ya traía consigo.

La alternativa resulta sencilla de describir y de practicar. En lugar de premiar el gesto, conviene nombrar su efecto: contar lo que ocurrió, describir la cara de la otra persona, poner en palabras el alivio que provocó. El reconocimiento que describe, más que el que recompensa, mantiene viva la motivación propia del niño y deja el gesto asociado a su sentido.

De la lectura compartida a la sala de clases

Lo que empieza en el sillón de la casa encuentra continuidad en la escuela. Lisa Flook y su equipo evaluaron un currículo de amabilidad de doce semanas en preescolares y encontraron mejoras en competencia social, flexibilidad cognitiva y capacidad de postergar la gratificación, con mayor beneficio en los niños que partían desde un nivel más bajo de competencia social. Es decir, el programa llegó con más fuerza justo donde más se necesitaba.

La mirada amplia confirma la tendencia. El metaanálisis de Joseph Durlak y colaboradores, con doscientos trece programas y más de doscientos setenta mil estudiantes, mostró mejoras en habilidades socioemocionales, actitudes y conducta, junto con un avance equivalente a once puntos percentiles en rendimiento académico. En Chile, el estudio de Christian Berger, Lidia Alcalay, Alejandra Torretti y Neva Milicic en escuelas básicas encontró que el bienestar socioemocional de los estudiantes se relaciona con su desempeño escolar, lo que sitúa esta conversación dentro de nuestro propio contexto educativo.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad se puede empezar a enseñar compasión a un niño?

Desde muy temprano. Alrededor de los veinte meses los niños ya ayudan de manera espontánea a un adulto en apuros y disfrutan al compartir lo propio. En esa etapa la enseñanza pasa sobre todo por el gesto del adulto y por poner palabras a lo que ocurre. Desde los tres o cuatro años la lectura compartida se vuelve una herramienta potente, porque el cuento permite conversar sobre lo que siente otro con la calma que da la distancia.

¿Conviene premiar a mi hijo cuando ayuda a alguien?

La evidencia sugiere cuidar los premios materiales, porque tienden a desplazar la motivación propia del niño. Funciona mejor el reconocimiento que describe: contar lo que pasó, mencionar el efecto en la otra persona y mostrar interés genuino por la decisión que tomó. Así el gesto queda unido a su sentido y conserva la fuerza que ya tenía.

¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo infantil?

Conviene consultar cuando la sensibilidad al dolor ajeno se vuelve abrumadora y el niño se retrae, cuando las dificultades para vincularse con sus pares se sostienen en el tiempo, o cuando la familia busca orientación para acompañar un momento complejo. En nuestro centro trabajamos con terapias contextuales para infancia y familia, y la información de aranceles está disponible en precios.

Enseñar compasión se parece más a acompañar que a instruir. Un cuento leído en voz alta, una pregunta hecha con calma y un gesto del tamaño de quien lo realiza bastan para comenzar. En Mentis Viva trabajamos desde las terapias contextuales con niños, niñas y sus familias, y la lectura compartida suele ser uno de los puentes más amables para entrar en estos temas. Si quiere conversar sobre el proceso de su hijo o hija, nuestro equipo está disponible para orientarle.

Fuentes

  1. Warneken, F., & Tomasello, M. (2008). Extrinsic rewards undermine altruistic tendencies in 20-month-olds. Developmental Psychology, 44(6), 1785-1788. https://doi.org/10.1037/a0013860 Ver fuente
  2. Aknin, L. B., Hamlin, J. K., & Dunn, E. W. (2012). Giving leads to happiness in young children. PLoS ONE, 7(6), e39211. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0039211 Ver fuente
  3. Kirby, J. N., Tellegen, C. L., & Steindl, S. R. (2017). A meta-analysis of compassion-based interventions: Current state of knowledge and future directions. Behavior Therapy, 48(6), 778-792. https://doi.org/10.1016/j.beth.2017.06.003 Ver fuente
  4. Dodell-Feder, D., & Tamir, D. I. (2018). Fiction reading has a small positive impact on social cognition: A meta-analysis. Journal of Experimental Psychology: General, 147(11), 1713-1727. https://doi.org/10.1037/xge0000395 Ver fuente
  5. Flook, L., Goldberg, S. B., Pinger, L., & Davidson, R. J. (2015). Promoting prosocial behavior and self-regulatory skills in preschool children through a mindfulness-based kindness curriculum. Developmental Psychology, 51(1), 44-51. https://doi.org/10.1037/a0038256 Ver fuente
  6. Durlak, J. A., Weissberg, R. P., Dymnicki, A. B., Taylor, R. D., & Schellinger, K. B. (2011). The impact of enhancing students' social and emotional learning: A meta-analysis of school-based universal interventions. Child Development, 82(1), 405-432. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2010.01564.x Ver fuente
  7. Berger, C., Alcalay, L., Torretti, A., & Milicic, N. (2011). Socio-emotional well-being and academic achievement: Evidence from a multilevel approach. Psicologia: Reflexão e Crítica, 24(2), 344-351. https://doi.org/10.1590/S0102-79722011000200016 Ver fuente

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