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El dolor que dio origen a la Terapia de Aceptación y Compromiso

Un profesor de psicología atrapado por el pánico decidió cambiar su relación con el miedo. De ese giro nació la Terapia de Aceptación y Compromiso, hoy uno de los modelos contextuales con más investigación.

· 7 min de lectura · Equipo Mentis Viva

El dolor que dio origen a la Terapia de Aceptación y Compromiso
Portada: Mentis Viva

Hay historias de la psicología que comienzan en un laboratorio. La de la Terapia de Aceptación y Compromiso comenzó en una reunión del departamento de psicología de la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro, en el otoño de 1978, cuando un profesor asistente quiso intervenir y descubrió que las palabras se le quedaban atrapadas. Ese profesor era Steven Hayes, y aquella primera crisis de pánico abrió el camino hacia uno de los modelos de psicoterapia con mayor investigación acumulada en las últimas décadas.

Una teoría que nació de una experiencia propia

Durante los dos años siguientes los episodios se hicieron más frecuentes. Hayes llegó a esquivar los ascensores, las salas de cine y ciertos momentos de sus propias clases. Lo interesante de su relato, que él mismo cuenta en el libro A Liberated Mind, es que las estrategias más razonables resultaban contraproducentes: mientras más se esforzaba por controlar la ansiedad, más terreno ganaba el problema.

El giro llegó cuando dejó de tratar la ansiedad como un enemigo y empezó a tratarla como una experiencia que podía sostener mientras avanzaba hacia lo que le importaba. Él mismo describe ese aprendizaje de la aceptación como el inicio de su recuperación. A comienzos de los años ochenta dio forma a un procedimiento clínico que en sus primeras versiones llamó distanciamiento comprensivo, antecedente directo de ACT.

Del procedimiento clínico a una ciencia del lenguaje

Hayes buscaba algo más que una técnica que funcionara: quería una explicación básica de por qué la mente humana produce sufrimiento con tanta facilidad. Esa búsqueda desembocó en la Teoría del Marco Relacional, un programa experimental sobre el lenguaje cuya tesis central sostiene que la capacidad distintivamente humana consiste en relacionar eventos de manera bidireccional y derivada.

La implicancia clínica resulta profunda. La misma capacidad que permite planificar y anticipar riesgos permite también revivir un recuerdo doloroso con solo nombrarlo, o convertir un pensamiento pasajero en una regla que gobierna la conducta durante años. Según la formulación del propio Hayes, la teoría explica por qué la fusión cognitiva y la evitación experiencial resultan tan frecuentes y tan costosas.

El modelo se presentó de manera formal en 1999, en el libro que Hayes escribió junto a Kirk Strosahl y Kelly Wilson. Cinco años más tarde, situó a ACT dentro de lo que llamó la tercera ola de las terapias conductuales y cognitivas, una corriente caracterizada por el cambio contextual, el énfasis en la función por sobre la forma y la construcción de repertorios flexibles y efectivos.

La evitación experiencial, el hallazgo que reordenó el mapa

En 1996, Hayes y un grupo de colaboradores propusieron la evitación experiencial como una dimensión funcional del comportamiento: el patrón por el cual una persona intenta alterar la forma, la frecuencia o la intensidad de sus experiencias internas, incluso cuando ese esfuerzo termina costándole el rumbo de su vida. Muchas formas de psicopatología, sostienen, pueden entenderse como intentos poco saludables de escapar de la propia emoción.

Visto así, cuadros muy distintos comparten un mismo mecanismo. Quien bebe para calmar la angustia, quien revisa una y otra vez si cerró la puerta, quien posterga una conversación importante para ahorrarse la vergüenza: todos hacen algo comprensible y de alivio inmediato. El alivio llega, y el territorio disponible se encoge un poco más con cada repetición.

Publicación de Mentis Viva en Instagram sobre steven hayes y el origen de la terapia de aceptación y compromiso
Publicación original en Instagram, 17 de diciembre de 2025.

Por eso ACT desplaza la pregunta. En lugar de organizar el tratamiento en torno a sentir menos, lo organiza en torno a qué haría esta persona con su vida si pudiera llevar consigo lo que siente. Ahí resuena la frase de Hayes que acompaña la publicación: tratamos la vida como un problema que hay que resolver, en lugar de como un proceso que hay que vivir.

Los seis procesos de la flexibilidad psicológica

El corazón del modelo es la flexibilidad psicológica, entendida como la capacidad de contactar el momento presente de manera plena y consciente, y de sostener o ajustar la conducta según lo que la situación y los valores personales piden. Hayes y sus colegas la describen a partir de seis procesos interrelacionados que se entrenan en sesión.

  • Aceptación: abrir espacio a emociones, sensaciones y recuerdos tal como aparecen, con disposición y curiosidad.
  • Defusión cognitiva: observar los pensamientos como eventos mentales, recuperando margen de maniobra frente a ellos.
  • Contacto con el momento presente: llevar la atención a lo que ocurre aquí y ahora, con apertura y flexibilidad.
  • Yo como contexto: reconocer una perspectiva estable desde la cual se observa la experiencia, más amplia que cualquier etiqueta personal.
  • Valores: clarificar qué dirección de vida resulta significativa para esa persona en particular.
  • Acción comprometida: construir patrones de conducta concretos y sostenidos que expresen esos valores.

Estos seis procesos suelen representarse en un diagrama hexagonal y en la práctica se entrelazan: el trabajo con valores gana sentido cuando existe disposición a sentir, y esa disposición se vuelve sostenible cuando hay una dirección que la justifique. Esa doble raíz explica el nombre del enfoque.

Qué dice la evidencia hoy

Un metaanálisis publicado en Psychotherapy and Psychosomatics reunió 39 ensayos controlados aleatorizados con 1.821 pacientes y encontró que ACT superó a las condiciones de control con un tamaño de efecto de 0,57, con ventajas frente a lista de espera, placebo psicológico y tratamiento habitual, y con resultados equivalentes a los de tratamientos psicológicos ya establecidos.

Una revisión posterior, publicada en el Journal of Contextual Behavioral Science, sistematizó 20 metaanálisis que informaban 100 tamaños de efecto controlados sobre 12.477 participantes. Sus autores concluyeron que ACT resulta eficaz en todas las condiciones examinadas, entre ellas ansiedad, depresión, consumo de sustancias, dolor y presentaciones transdiagnósticas.

La misma literatura invita a la prudencia: la calidad metodológica varía entre estudios y la comparación fina con otras psicoterapias sigue siendo terreno activo de investigación. Lo que sí está bien establecido es su respaldo empírico sólido y un programa de investigación básica poco habitual en el campo clínico.

ACT en la consulta y en el contexto chileno

Una sesión de ACT se parece poco a una clase magistral. El trabajo avanza con metáforas, ejercicios experienciales y prácticas de atención plena, porque el objetivo consiste en generar una experiencia distinta con el propio contenido mental, más que en convencer con argumentos.

En el mundo de habla hispana, ACT circula con literatura propia desde hace casi dos décadas. El trabajo de Carmen Luciano y Sonsoles Valdivia en Papeles del Psicólogo situó tempranamente sus fundamentos, su base en la Teoría del Marco Relacional y la evitación experiencial como alternativa funcional a la psicopatología tradicional, y fue puerta de entrada para muchos psicólogos formados en castellano, también en Chile.

En centros de orientación contextual, ACT convive con modelos de la misma familia: la terapia dialéctico conductual aporta regulación emocional y tolerancia al malestar, la terapia centrada en la compasión trabaja el vínculo con uno mismo, y EMDR ofrece un camino para procesar experiencias traumáticas. La elección depende de cada persona y de los objetivos que acuerde con su terapeuta.

Preguntas frecuentes

¿En qué se diferencia ACT de la terapia cognitivo conductual clásica?

La terapia cognitivo conductual tradicional suele trabajar el contenido del pensamiento, examinando su exactitud y proponiendo alternativas más ajustadas. ACT pone el acento en la función: interesa qué hace la persona cuando ese pensamiento aparece y cuánto espacio le queda para vivir según sus valores. Ambas comparten método científico y varios estudios muestran eficacia equivalente. Puedes revisar nuestros enfoques en el centro.

¿Para qué dificultades existe evidencia de ACT?

Las revisiones documentan resultados favorables en ansiedad, depresión, consumo problemático de sustancias, dolor crónico y presentaciones transdiagnósticas, además de aplicaciones en salud física. Conviene conversar el caso particular con un profesional: la evidencia poblacional orienta y la evaluación clínica afina.

¿Cuánto dura un proceso de terapia ACT?

Los formatos estudiados van desde intervenciones breves de pocas sesiones hasta procesos de varios meses, según el motivo de consulta y los objetivos acordados. La duración se define durante las primeras entrevistas y se revisa mientras el proceso avanza. Puedes ver modalidades y valores en nuestra página de precios.

La historia de Steven Hayes resulta valiosa porque muestra un origen humano detrás de un modelo técnico: alguien que buscó una salida para su propio dolor y terminó ofreciendo un mapa útil para otras personas. Si estás viviendo algo parecido y te interesa explorar este camino con acompañamiento profesional, en Mentis Viva trabajamos desde la psicología contextual y podemos conversarlo contigo con calma.

Fuentes

  1. Hayes, S. C. (2019). A Liberated Mind: How to Pivot Toward What Matters. New York: Avery (Penguin Random House). ISBN 9780735214002 (tapa dura, 2019); la edicion en rustica de 2020 lleva ISBN 9780735214019. Datos correctos tal como se citan; solo conviene precisar la edicion si se cita el ISBN. Ver fuente
  2. Hayes, S. C. (2004). Acceptance and commitment therapy, relational frame theory, and the third wave of behavioral and cognitive therapies. Behavior Therapy, 35(4), 639-665. https://doi.org/10.1016/S0005-7894(04)80013-3 Ver fuente
  3. Hayes, S. C., Wilson, K. G., Gifford, E. V., Follette, V. M., & Strosahl, K. (1996). Experiential avoidance and behavioral disorders: A functional dimensional approach to diagnosis and treatment. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64(6), 1152-1168. https://doi.org/10.1037/0022-006X.64.6.1152 Ver fuente
  4. Hayes, S. C., Luoma, J. B., Bond, F. W., Masuda, A., & Lillis, J. (2006). Acceptance and Commitment Therapy: Model, processes and outcomes. Behaviour Research and Therapy, 44(1), 1-25. https://doi.org/10.1016/j.brat.2005.06.006 Ver fuente
  5. A-Tjak, J. G. L., Davis, M. L., Morina, N., Powers, M. B., Smits, J. A. J., & Emmelkamp, P. M. G. (2015). A meta-analysis of the efficacy of acceptance and commitment therapy for clinically relevant mental and physical health problems. Psychotherapy and Psychosomatics, 84(1), 30-36. https://doi.org/10.1159/000365764 Ver fuente
  6. Gloster, A. T., Walder, N., Levin, M. E., Twohig, M. P., & Karekla, M. (2020). The empirical status of acceptance and commitment therapy: A review of meta-analyses. Journal of Contextual Behavioral Science, 18, 181-192. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2020.09.009 Ver fuente
  7. Luciano Soriano, M. C., & Valdivia Salas, M. S. (2006). La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Fundamentos, características y evidencia. Papeles del Psicólogo, 27(2), 79-91. Ver fuente

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