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EducaciónCuidar a quienes trabajan en la escuela: bienestar que se sostiene
Quienes enseñan sostienen a diario el clima de una sala completa. Revisamos qué dice la investigación sobre cuidar su bienestar y qué herramientas psicológicas ayudan a sostenerlo.
Cada jornada escolar descansa sobre una cantidad de trabajo emocional que rara vez aparece en la planificación. Quien enseña regula su propio ánimo, sostiene el de treinta o cuarenta estudiantes, resuelve conflictos en segundos y vuelve a empezar a la hora siguiente. Ese esfuerzo tiene valor pedagógico y también tiene un costo, y merece mirarse con la misma seriedad con que se revisa una unidad de aprendizaje.
El estado de quien enseña forma parte del ambiente de aprendizaje
Patricia Jennings y Mark Greenberg propusieron un modelo que hoy es referencia en investigación educativa: la competencia social y emocional del profesorado y su bienestar se vinculan con el clima del aula, con la calidad de la relación con los estudiantes y con los resultados de aprendizaje. Dicho de otro modo, el estado de la persona adulta que conduce la clase forma parte del ambiente de aprendizaje, igual que la infraestructura o los materiales.
Ese modelo cambia el lugar desde donde se conversa el tema. El bienestar docente deja de ser un asunto privado que cada quien resuelve el fin de semana y pasa a ser una condición del proceso educativo. Una profesora descansada y con recursos para regularse dispone de más margen para observar, para esperar y para preguntar de nuevo. Ese margen es, muchas veces, la diferencia entre una clase que fluye y una que se tensiona.
Lo que pesa en el trabajo docente y lo que lo sostiene
En Chile existe evidencia propia sobre este punto. Rodrigo Cornejo analizó las condiciones materiales y psicosociales de trabajo junto con el bienestar y el malestar de docentes de enseñanza media de Santiago, a partir de una muestra representativa de establecimientos con financiamiento estatal levantada durante 2008. El estudio concluye que el profesorado percibe precariedad en sus condiciones laborales y altos niveles de demanda, y construye un modelo explicativo del bienestar y el malestar docente compuesto por siete variables, entre las cuales destacan por su poder explicativo el sentido del trabajo y las demandas laborales.
El hallazgo tiene una lectura práctica y alentadora. El sentido del trabajo, esa sensación de que lo que uno hace importa y se conecta con algo valioso, opera como un recurso real frente a la carga. Cuidar ese sentido, hacerlo visible y conversarlo en equipo es una tarea concreta, y convive con la necesidad de ajustar las demandas efectivas: horas lectivas, tiempo de preparación, tamaño de los cursos y espacios de trabajo colaborativo.
Estas ideas tomaron forma concreta en una jornada de trabajo con el equipo de Educación Física del Colegio San Benito, dedicada a herramientas psicológicas que fortalecen el vínculo, la motivación y el bienestar en cada clase.
Flexibilidad psicológica: enseñar con lo que aparece
Las terapias contextuales aportan una mirada útil para quien trabaja en una escuela. La Terapia de Aceptación y Compromiso, conocida como ACT, trabaja sobre la relación que cada persona establece con sus pensamientos y emociones difíciles, y orienta la conducta hacia aquello que resulta valioso. En la sala de clases esto se traduce en algo cotidiano: la inquietud previa a una clase observada puede estar presente mientras la profesora igual hace la clase que quiere hacer.
La evidencia con personal escolar es alentadora y conviene leerla con precisión. Tami Jeffcoat y Steven Hayes asignaron al azar a 236 integrantes de comunidades escolares a recibir un libro de autoayuda basado en ACT o a una lista de espera, y observaron mejoras significativas en salud psicológica, con efectos preventivos en depresión y ansiedad y efectos de alivio en quienes puntuaban en rangos clínicos de depresión, ansiedad y estrés. Los resultados del seguimiento se relacionaron con el modo en que cada participante usó el material y con el nivel de flexibilidad psicológica alcanzado.
Atención, regulación emocional y trato hacia uno mismo
Un segundo grupo de herramientas se dirige a la atención y a la regulación emocional. Robert Roeser y su equipo condujeron dos ensayos aleatorizados con 113 docentes de Canadá y Estados Unidos, y el grupo que recibió entrenamiento en mindfulness mostró mayor atención focalizada y capacidad de memoria de trabajo, mayor autocompasión en el ámbito laboral y menores niveles de estrés ocupacional y agotamiento al finalizar el programa y tres meses después. Los análisis de mediación indicaron que las diferencias en mindfulness y autocompasión explicaban buena parte de esas mejoras.
La síntesis de la literatura ofrece una cifra útil junto con una advertencia honesta. David Klingbeil y Tyler Renshaw reunieron 347 tamaños de efecto provenientes de 29 estudios con 1.493 docentes y estimaron un efecto de magnitud moderada, g igual a 0,601, para las intervenciones basadas en mindfulness dirigidas a profesores, señalando al mismo tiempo evidencia de sesgo de publicación que probablemente infla esa estimación. Hay beneficios documentados y también razones para mantener expectativas realistas.
La investigación organizacional agrega una pieza interesante sobre el mecanismo. Ute Hülsheger y su equipo encontraron que el mindfulness se asocia con menor agotamiento emocional y mayor satisfacción laboral, y que esa relación está mediada por la actuación superficial, es decir, por la frecuencia con que una persona muestra una emoción distinta de la que siente. Para quien enseña, esto sugiere que buena parte del desgaste guarda relación con el esfuerzo sostenido de exhibir por fuera algo diferente de lo que ocurre por dentro.
Desde ahí se entiende el aporte de otros enfoques contextuales. La Terapia Dialéctico Conductual, DBT, entrena habilidades concretas de regulación emocional y de tolerancia al malestar, aplicables a un recreo complicado o a una reunión de apoderados exigente. La Terapia Centrada en la Compasión, CFT, cultiva un trato amable hacia uno mismo en los momentos de error, algo pertinente en un oficio donde el estándar personal suele ser muy alto.
Algunas prácticas breves caben dentro de una jornada real y pueden probarse con un equipo completo de profesores:
- Abrir la clase con treinta segundos de atención a la respiración, junto al curso, para llegar al aula con el cuerpo presente.
- Nombrar internamente la emoción que aparece antes de responder a una situación tensa, y elegir después la respuesta.
- Definir una intención valiosa para la jornada, por ejemplo escuchar con calma a un estudiante en particular, y revisarla al final del día.
- Reservar un descanso real entre bloques, con agua, movimiento breve y una pausa de pantallas.
- Conversar una vez por semana con un colega sobre lo que sostuvo el ánimo, además de lo que costó.
El cuidado también se organiza desde la institución
La Organización Mundial de la Salud publicó en 2022 sus directrices sobre salud mental en el trabajo, con recomendaciones basadas en evidencia que abarcan intervenciones organizacionales, formación para quienes dirigen equipos, formación para trabajadores, intervenciones individuales, reincorporación laboral y acceso al empleo. El orden de esa lista resulta informativo: las herramientas personales rinden mejor cuando la institución revisa además las cargas, los tiempos y los espacios.
En una escuela esto se traduce en decisiones concretas. Un horario que contemple tiempo de preparación protegido, jefaturas formadas para conversar sobre carga y ánimo, reuniones con propósito definido y canales claros para pedir apoyo profesional. Cuando esas condiciones existen, las prácticas individuales encuentran terreno fértil y el equipo completo se beneficia.
Vale la pena decirlo con calma: este es un camino de ajustes pequeños y sostenidos, más cercano a la preparación física de una temporada que a una solución de una semana. Los equipos que conversan el tema de manera periódica suelen llegar mejor a octubre que aquellos que lo abordan solo cuando aparece una licencia médica.
Preguntas frecuentes
¿Qué puede hacer un profesor o profesora para cuidar su salud mental durante el año escolar?
Ayuda combinar prácticas breves y sostenidas con cambios en las condiciones de trabajo. Entre las prácticas con respaldo figuran el entrenamiento en atención plena, las habilidades de regulación emocional y el trabajo sobre los valores personales que dan sentido al oficio. Conviene además cuidar el sueño, el movimiento y los vínculos fuera de la escuela, y pedir apoyo profesional cuando el malestar se vuelve persistente. Puedes conocer nuestros enfoques en el centro.
¿Cómo se reconoce el agotamiento laboral en el trabajo escolar?
Suele describirse con tres rasgos: agotamiento emocional, distancia mental creciente respecto del trabajo y una sensación de eficacia disminuida. En la escuela aparece como cansancio que persiste después del descanso, irritabilidad frente a situaciones antes manejables y una relación más lejana con los estudiantes. Es un cuadro ligado al contexto laboral, de modo que la conversación sobre cargas y condiciones forma parte del abordaje, junto con la evaluación profesional de cada caso.
¿Sirve ir a terapia por temas de trabajo en la escuela?
Las terapias contextuales tienen desarrollo específico en este ámbito. Los estudios con personal escolar muestran mejoras en salud psicológica y en estrés ocupacional cuando el trabajo apunta a la flexibilidad psicológica, a la atención y a la autocompasión. Una primera consulta permite ordenar el cuadro, distinguir lo personal de lo organizacional y definir un plan realista. Las modalidades y valores están en precios.
Cuidar a quienes trabajan en la escuela es una manera directa de cuidar a quienes aprenden en ella. En Mentis Viva acompañamos a personas y a equipos educativos desde las terapias contextuales, y quedamos disponibles para conversar cuando quieras dar ese paso.
Fuentes
- Jennings, P. A., & Greenberg, M. T. (2009). The prosocial classroom: Teacher social and emotional competence in relation to student and classroom outcomes. Review of Educational Research, 79(1), 491-525. https://doi.org/10.3102/0034654308325693 Ver fuente
- Cornejo Chávez, R. (2009). Condiciones de trabajo y bienestar/malestar docente en profesores de enseñanza media de Santiago de Chile. Educação & Sociedade, 30(107), 409-426. https://doi.org/10.1590/S0101-73302009000200006 Ver fuente
- Jeffcoat, T., & Hayes, S. C. (2012). A randomized trial of ACT bibliotherapy on the mental health of K-12 teachers and staff. Behaviour Research and Therapy, 50(9), 571-579. https://doi.org/10.1016/j.brat.2012.05.008 Ver fuente
- Roeser, R. W., Schonert-Reichl, K. A., Jha, A., Cullen, M., Wallace, L., Wilensky, R., Oberle, E., Thomson, K., Taylor, C., & Harrison, J. (2013). Mindfulness training and reductions in teacher stress and burnout: Results from two randomized, waitlist-control field trials. Journal of Educational Psychology, 105(3), 787-804. https://doi.org/10.1037/a0032093 Ver fuente
- Klingbeil, D. A., & Renshaw, T. L. (2018). Mindfulness-based interventions for teachers: A meta-analysis of the emerging evidence base. School Psychology Quarterly, 33(4), 501-511. https://doi.org/10.1037/spq0000291 Ver fuente
- Hülsheger, U. R., Alberts, H. J. E. M., Feinholdt, A., & Lang, J. W. B. (2013). Benefits of mindfulness at work: The role of mindfulness in emotion regulation, emotional exhaustion, and job satisfaction. Journal of Applied Psychology, 98(2), 310-325. https://doi.org/10.1037/a0031313 Ver fuente
- World Health Organization. (2022). Guidelines on mental health at work. World Health Organization. ISBN 978-92-4-005305-2. https://www.who.int/publications/i/item/9789240053052 Ver fuente
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