Para qué sirve
La terapia individual es el formato más frecuente y el más flexible. Sirve cuando hay algo que duele y no se despeja solo: ansiedad, ánimo bajo, una decisión que no se puede tomar, un duelo que no avanza, una forma de vivir que dejó de funcionar.
También sirve cuando no hay una crisis y sí una sensación difusa de que algo no calza. No hace falta estar mal del todo para consultar; de hecho, llegar antes suele hacer el proceso más corto.
Cómo trabajamos
El objetivo no es que dejes de sentir lo que sientes. Es que eso deje de decidir por ti.
Partimos entendiendo qué te trae, qué has intentado y qué te gustaría que fuera distinto. Desde ahí el trabajo se apoya en ACT y DBT, dos de nuestros enfoques contextuales basados en evidencia.
- Notar los pensamientos y emociones difíciles sin quedar enganchado en ellos.
- Identificar qué te importa de verdad, más allá de lo que se supone que debería importarte.
- Dar pasos concretos hacia allá, del tamaño que puedas sostener esta semana.
- Cuando las emociones llegan con mucha intensidad, entrenar habilidades específicas de regulación.
Cómo es el ritmo
Lo habitual es una sesión semanal al principio, y espaciarlas a medida que el proceso avanza. Cuántas sesiones toma depende del motivo y de cada persona: nadie serio puede darte un número antes de conocerte.
Cómo es la primera sesión
La primera sesión no es un trámite previo al trabajo. Se parte por lo que te trajo: qué está pasando, desde cuándo, y qué has intentado hasta ahora. No hace falta llegar con el relato ordenado. Ordenarlo es buena parte del trabajo.
El psicólogo va a preguntar por cosas que quizás no relacionabas con el motivo de consulta: cómo estás durmiendo, cómo va el trabajo, quién está cerca, qué se movió en los últimos meses. No es curiosidad. Sirve para ver dónde ocurre eso que duele, porque casi nunca ocurre en el vacío.
Nadie llega a la primera sesión sabiendo explicar bien lo que le pasa. Si supieras explicarlo, probablemente no necesitarías la hora.
Hacia el final se conversa el encuadre: cada cuánto se van a ver, hacia dónde apunta el trabajo por ahora y qué queda fuera. Si algo de eso no te acomoda, ese es el momento de decirlo. Es común salir de la primera sesión con la sensación de haber hablado mucho y aclarado poco, y también es común salir cansado. Ninguna de las dos cosas dice nada sobre cómo va a seguir el proceso.
Qué pasa entre una sesión y otra
Buena parte del proceso ocurre fuera de la hora. No como tarea escolar, sino porque una vez que algo se nombró en voz alta cuesta dejar de verlo. Aparece en una conversación cualquiera, en una reacción que antes pasaba desapercibida, en algo que decidiste distinto sin pensarlo mucho.
A veces se acuerda algo concreto para la semana: observar en qué momentos aparece la angustia, anotar una conversación que se repite, probar un cambio pequeño y ver qué pasa. Si la semana se atravesó y no se pudo, tampoco se pierde: lo que lo impidió suele ser material para la sesión siguiente.
Y hay semanas donde no pasa nada y llegas sin nada nuevo que contar. También es parte del ritmo. No hay que producir material para justificar la hora.
Cómo se nota que algo se está moviendo
No se mide por cuánto mejoró el ánimo esta semana. Los procesos rara vez avanzan en línea recta, y hay tramos donde uno se siente peor justamente porque empezó a mirar algo que llevaba tiempo esquivando. Las señales suelen ser más laterales:
- Reaccionas distinto frente a algo que antes te desarmaba, aunque siga molestando.
- Puedes nombrar lo que te pasa con más precisión que hace dos meses.
- Aparecen en sesión temas que al principio no habrías puesto sobre la mesa.
- Después de un mal día, el mal día dura menos.
- La sesión deja de ser el único lugar donde piensas estas cosas.
Si pasan un par de meses y no reconoces nada parecido, conviene decirlo en sesión. Revisar el rumbo, cambiar el foco o plantear que esto no está resultando es parte del trabajo, no una interrupción del trabajo.
Qué necesitas para conectarte
Un lugar donde nadie entre durante 50 minutos, audífonos y una conexión que aguante video. El teléfono sirve, aunque un computador apoyado en una mesa suele ser más cómodo: sostener la cámara en la mano durante casi una hora cansa y distrae.
El espacio importa más que el equipo. Hablar desde el auto estacionado, con los audífonos puestos, es preferible a hacerlo en la pieza que da al living lleno de gente. Si en tu casa no hay ningún momento con privacidad, es mejor decirlo al coordinar la hora que descubrirlo a mitad de la sesión.
Conéctate un par de minutos antes. Los primeros minutos de una sesión suelen ser los más incómodos, y llegar apurado desde otra cosa se los come enteros.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta?
$44.990 por sesión de 50 minutos. Los valores están publicados en la página de precios.
¿Es igual de efectiva que la presencial?
Para la mayoría de los motivos de consulta, la evidencia muestra resultados equivalentes. Si tu caso requiere atención presencial o coordinada con otros profesionales, te lo diremos en la primera sesión.
¿Puedo cambiar de psicólogo si no me siento cómodo?
Sí, y es preferible decirlo a sostener un proceso que no está funcionando. La relación terapéutica es parte del tratamiento, no un detalle.
¿Qué pasa si tengo que cancelar?
Avísanos con al menos 24 horas de anticipación y la reagendamos sin costo.
¿Y si me quedo en blanco y no sé qué decir?
Pasa seguido, sobre todo las primeras veces. No hay que llegar con un tema preparado ni sostener la conversación por tu cuenta. El silencio también es material: de dónde viene, qué se estaba por decir antes de que apareciera. La hora se sostiene igual.
¿Qué pasa si se corta la conexión en plena sesión?
Se retoma apenas se recupere. Si la caída es larga y deja la sesión a medias, se acuerda en el momento por WhatsApp si se continúa después o se reagenda el tiempo que faltó, sin costo adicional: un problema de conexión no se cobra como inasistencia.
¿Sirve la terapia individual si el problema es con mi pareja?
Puede servir, con un alcance distinto. En individual se trabaja la parte que sí depende de ti: qué haces cuando la conversación se enciende, qué estás dispuesto a sostener y qué no. Si ambos quieren ir, el formato de pareja llega más directo al ciclo que se repite entre los dos.