Inicio › Centro Psicológico › Terapia para la depresión, online en todo Chile

Terapia para la depresión, online en todo Chile

La depresión no es tristeza ni falta de voluntad. Es un cuadro que tiene tratamiento, y que mejora con ayuda profesional.

Dos manos tomadas, gesto de acompañamiento
ModalidadOnline, todo Chile
Duración50 minutos
EnfoqueACT y DBT

No es lo mismo que estar triste

La tristeza es una emoción: aparece por algo, dura un rato y se va. La depresión es otra cosa. Es un estado que se instala, que apaga el interés por lo que antes importaba y que se sostiene aunque las circunstancias mejoren.

Y hay una parte particularmente injusta: la depresión suele venir acompañada de la convicción de que uno debería poder salir solo, que es falta de carácter o de ganas. Esa idea es un síntoma del cuadro, no una descripción de la realidad.

La convicción de que uno debería poder salir solo es un síntoma del cuadro, no una descripción de la realidad.

Señales frecuentes

  • Ánimo bajo la mayor parte del día, casi todos los días, por dos semanas o más.
  • Perder el interés o el disfrute en cosas que antes te gustaban.
  • Cansancio que no se arregla durmiendo.
  • Cambios en el sueño o en el apetito, en cualquier dirección.
  • Dificultad para concentrarte o para tomar decisiones que antes eran simples.
  • Sensación de ser una carga, culpa desproporcionada o de que nada de esto va a cambiar.

Cómo se trabaja

La depresión tiende a encerrar a las personas en un círculo: como no hay energía, se dejan de hacer cosas; como se dejan de hacer cosas, hay menos motivos para sentirse bien; y eso baja aún más la energía. Buena parte del trabajo terapéutico es intervenir ahí, empezando por acciones lo bastante pequeñas como para ser posibles hoy.

En paralelo, desde ACT trabajamos la relación con los pensamientos que la depresión instala —«no sirvo», «esto no va a cambiar», «soy un peso»— para que dejen de operar como verdades y pasen a ser lo que son: pensamientos, muy convincentes, que aparecen cuando uno está deprimido.

Cuando las emociones llegan con mucha intensidad o hay conductas de riesgo, incorporamos habilidades de DBT: regulación emocional y tolerancia al malestar, entrenadas de forma concreta.

Cómo es la primera sesión

No hace falta llegar con un relato ordenado ni saber desde cuándo empezó. La mayoría no lo sabe. Basta con contestar lo que se va preguntando.

Se parte por lo cotidiano y suena básico a propósito: cómo son tus días, a qué hora te levantas, si comiste ayer, con quién hablaste esta semana, qué hiciste el domingo. La depresión se ve mejor ahí que en las palabras grandes. Se ve en la lista de cosas que se fueron cayendo del día sin que nadie las diera de baja.

La depresión se nota más en lo que se fue cayendo del día que en lo que uno alcanza a explicar.

También se pregunta lo incómodo. Si has pensado en hacerte daño. Si estás tomando algún medicamento y quién te lo indicó. Si alguien cercano sabe cómo estás. Se pregunta derecho y sin rodeos, porque decirlo en voz alta no agrega nada que no estuviera ya ahí.

La sesión dura cincuenta minutos y cuesta $44.990. Al final se acuerda algo para la semana, y ese algo suele ser mucho más pequeño de lo que la gente espera. Pequeño en serio: abrir la cortina, salir hasta la esquina, mandar un mensaje.

Cómo se nota que algo se está moviendo

Casi nadie despierta un día sintiéndose bien. Los cambios en depresión son poco vistosos y suele notarlos antes la gente de al lado que uno mismo, en parte porque la propia depresión filtra hacia abajo lo que uno recuerda de la semana.

Por eso en la sesión se revisan cosas chicas y bastante aburridas:

  • A qué hora te levantaste, no cómo dormiste en general.
  • Cuántas veces saliste de la casa esta semana, aunque haya sido a comprar.
  • Si contestaste algún mensaje que llevaba semanas sin abrir.
  • Cuánto duró el pensamiento de siempre: si ocupó la tarde entera o veinte minutos.
  • Si volvió a aparecer algo que te daba lo mismo hace un mes.

Nada de esto avanza en línea recta. Dentro de un proceso hay semanas peores que la anterior, y eso conviene ponerlo sobre la mesa en la sesión en vez de leerlo solo, en la noche, como prueba de que no sirvió. La diferencia entre una mala semana y un retroceso es una conversación, no una conclusión que tengas que sacar por tu cuenta.

La videollamada cuando cuesta hasta encender la cámara

Conectarse desde la cama, sin arreglarse, con la misma ropa de ayer, es una forma completamente válida de llegar a la sesión. Nadie te va a pedir que te veas presentable. Aparecer así, de hecho, muestra la semana mejor que cualquier resumen.

La cámara ayuda, pero no tiene que estar encendida todas las veces. Hay días en que hablar sin verse es lo único que se puede, y una sesión así rinde más que una sesión cancelada.

Lo que sí conviene cuidar: un lugar donde puedas hablar sin que te escuchen, audífonos si hay gente en la casa, y no dejar la hora justo antes de algo que te obligue a salir corriendo. Si vives con más personas y no hay pieza disponible, el auto estacionado sirve y se usa harto.

Si faltas una sesión o quieres parar

Faltar casi nunca es desinterés. Es el mismo cuadro operando: costaba levantarse, se pasó la hora, y después llega la vergüenza de haber fallado. Esa vergüenza es lo que hace difícil escribir para reagendar, y así una hora perdida se convierte en tres semanas sin terapia.

Conviene avisar antes que desaparecer. Dos líneas por WhatsApp para mover la hora bastan. No hay que explicar el motivo ni pedir disculpas largas.

Y si en algún momento quieres parar, también se conversa. Hay diferencia entre cerrar un proceso porque ya cumplió su función y soltarlo en medio de una semana mala. Esa conversación es parte del trabajo, no una negociación para retenerte.

Preguntas frecuentes

¿La terapia sirve si ya estoy tomando antidepresivos?

Sí. La terapia y el tratamiento farmacológico no compiten: trabajan cosas distintas. Quien indica, ajusta o suspende un medicamento es tu médico o psiquiatra, no nosotros; acá se trabaja lo que pasa contigo mientras tanto.

¿Y si no tengo energía ni para agendar?

Es parte del cuadro y es la razón por la que el primer paso lo hacemos lo más simple posible: un mensaje de WhatsApp. Si alguien cercano quiere ayudarte a dar ese paso, también sirve.

¿Cuánto dura el tratamiento?

Varía. Muchos procesos por depresión toman varios meses de sesiones semanales, y luego se espacian. Se conversa contigo a medida que avanza.

¿Atienden adolescentes?

Escríbenos y te confirmamos la disponibilidad del equipo según la edad y el motivo de consulta.

¿Cuánto cuesta una sesión?

La sesión individual dura cincuenta minutos y cuesta $44.990. La modalidad de pareja o familiar cuesta $54.990 y la grupal $14.990. La primera hora vale lo mismo que las siguientes: no hay cobro aparte por evaluación inicial ni inscripción.

¿Puedo hacer la sesión sin cámara?

Sí. Es preferible una sesión con el audio solamente que una sesión que no se hace. Se puede conversar en el momento si prefieres dejarla apagada ese día o mantenerla así por un tiempo.

¿Puedo cambiar de psicólogo si no me siento cómodo?

Sí, y no hay que justificarlo con detalle. Lo primero es decirlo en la sesión, aunque incomode, porque a veces se resuelve ahí. Si no calza, se puede pedir cambio dentro del equipo y lo que ya trabajaste no se pierde: la persona que te reciba parte desde ese punto.

¿Qué pasa si necesito mover o cancelar la hora?

Si necesitas mover la hora, avísanos con al menos 24 horas de anticipación y la reagendamos sin costo. Con menos de 24 horas, o si no llegas y no avisas, la sesión puede cobrarse completa.

Da el primer paso

Escríbenos por WhatsApp y coordinamos tu primera sesión. Responder no te compromete a nada.

Agenda tu hora